• En apenas 48 horas, las muertes por siniestros de tránsito casi se duplicaron frente al inicio de 2025, encendiendo las alarmas sobre una crisis vial que ya es la segunda causa de muerte violenta en el país.
TEGUCIGALPA, HONDURAS.
El 2026 comenzó con un saldo trágico en las carreteras hondureñas. En los dos primeros días del año, 11 personas perdieron la vida en accidentes de tránsito, según informó Darwin Hernández, titular de la Sección de Investigación de Accidentes de Tránsito (SIAT), adscrita a la Dirección Nacional de Vialidad y Transporte.
Hernández lamentó la persistente realidad vial del país y fue enfático al señalar que los accidentes de tránsito son 100 % evitables, subrayando que detrás de cada tragedia existe una cadena de decisiones humanas que pudo romperse a tiempo.
El dato resulta aún más alarmante al compararlo con el inicio del año pasado: en los primeros dos días de 2025 se registraron seis fallecimientos, lo que evidencia que las muertes viales casi se duplicaron en el arranque de 2026. “Es una tendencia que no podemos normalizar”, advirtió el funcionario.
La dimensión del problema es estructural. Honduras cerró 2025 con 1,894 muertes por accidentes de tránsito, un 10 % más que en 2024, confirmando un incremento sostenido de la siniestralidad vial.
En ese contexto, los accidentes de tránsito ya constituyen la segunda causa de muerte violenta en el país, solo superados por los homicidios.
Desde la sociedad civil, la Asociación de Víctimas de Accidentes de Tránsito ha calificado la situación como una epidemia silenciosa que cada año deja miles de muertos, familias enlutadas y un alto costo social y económico para el Estado.
Las causas se repiten con crudeza. De acuerdo con autoridades policiales, la imprudencia al volante y el exceso de velocidad encabezan la lista de factores que desencadenan los siniestros, a lo que se suma el consumo de alcohol, la distracción por el uso del celular y el irrespeto a las normas básicas de tránsito.
Hernández insistió en que la prevención es la única salida y llamó a los conductores a asumir una conducción responsable desde el primer día del año. “Cada vida perdida en carretera es una tragedia evitable. No se trata de cifras, sino de personas”, recalcó.
Mientras el país apenas comienza el 2026, las carreteras ya cobran vidas, recordando que la seguridad vial sigue siendo una deuda urgente que exige educación, controles efectivos y, sobre todo, conciencia ciudadana.






