• Rodriguez Maradiaga advirtió sobre la distancia entre las palabras y las acciones, y señaló especialmente a dirigentes sociales, políticos y religiosos que predican una cosa, pero actúan de manera diferente.
TEGUCIGALPA, HONDURAS. —
Un contundente llamado a la coherencia lanzó este domingo el cardenal Óscar Andrés Rodríguez durante su homilía, en la que cuestionó la falsedad, la hipocresía, la mentira y la doble moral, poniendo especial atención en quienes ejercen algún tipo de liderazgo.
A partir de la parábola de los dos hijos, relatada en el Evangelio, Rodríguez reflexionó sobre la importancia de que las palabras estén respaldadas por las acciones.
En el relato, uno de los hijos se niega inicialmente a cumplir la petición de su padre, pero después se arrepiente y acude a trabajar; el otro dice que sí, pero finalmente no cumple.
Para el cardenal, la enseñanza resulta particularmente relevante para quienes tienen responsabilidades frente a otras personas y, por tanto, deben procurar que exista coherencia entre lo que dicen y lo que hacen.
“La falsedad y la hipocresía, la mentira y la incoherencia, la infidelidad de la palabra dada, la doble vida, la doble moral no son aceptables ante Dios y mucho menos en los dirigentes sociales, políticos y religiosos”.
Rodríguez explicó que el segundo hijo representa a quienes mantienen una apariencia de fidelidad o compromiso, pero no cumplen con aquello que han prometido.
En contraste, el primero simboliza a quienes pueden equivocarse, reconocer su error y finalmente demostrar con hechos un cambio de actitud.
Un mensaje dirigido también a los líderes
El religioso dejó claro que su reflexión no se limita al ámbito personal o religioso, sino que alcanza también a quienes ocupan posiciones de liderazgo en la sociedad.
La advertencia cobra especial relevancia, según su mensaje, cuando quienes tienen responsabilidades sociales, políticas o religiosas utilizan las palabras para comprometerse, pero sus acciones terminan contradiciendo aquello que han expresado.
“¿Cuántas veces decimos una cosa y hacemos otra? ¿Con cuál de los dos hijos nos vamos a identificar?”, cuestionó.
Rodríguez insistió en que la fe tampoco puede reducirse a discursos, declaraciones o palabras bonitas.
“Las palabras por muy hermosas que sean no dejan de ser palabras”, afirmó.
Para el cardenal, la verdadera fe debe reflejarse en la conducta cotidiana y en la capacidad de vivir de acuerdo con aquello que se profesa.
De ahí su llamado a eliminar la distancia entre el discurso y los hechos, particularmente entre quienes tienen influencia o responsabilidad sobre los demás.
Su reflexión concluyó con una petición para que cada persona, incluidos quienes ejercen liderazgo, revise su propia conducta y procure vivir con mayor coherencia:
“Señor Jesús, que no haya distancia entre lo que digo con mis palabras y lo que vivo con mi vida de cada día. Ayúdanos a ser coherentes y a vivir lo que creemos”.











