• Una publicación sobre la crisis energética de Honduras habría sido elaborada con inteligencia artificial y publicada sin eliminar siquiera la indicación que suele entregar ChatGPT al usuario.
TEGUCIGALPA, HONDURAS. –
La diputada del Partido Nacional y vicepresidenta del Congreso Nacional, Johana Bermúdez, quedó en el centro de las críticas luego de publicar en su cuenta de X un extenso análisis sobre la crisis energética de Honduras que, aparentemente, fue elaborado con ayuda de ChatGPT.
Lo que llamó especialmente la atención de los usuarios no fue únicamente el contenido del mensaje, sino una frase que habría quedado publicada por error al inicio del texto: “Aquí tienes el texto pulido, listo para publicar”, una indicación característica de las respuestas que genera una herramienta de inteligencia artificial cuando se le solicita preparar o mejorar un contenido para redes sociales.
Bermúdez, quien ha construido buena parte de su perfil político alrededor de temas relacionados con la salud y actualmente ocupa una vicepresidencia del Congreso Nacional, abordó en esta ocasión la relación entre la crisis energética y sus posibles efectos sobre la población.
El episodio rápidamente abrió un debate sobre el uso que los funcionarios públicos hacen de la inteligencia artificial y, particularmente, sobre la diferencia entre utilizar estas herramientas como apoyo y delegar en ellas la elaboración de argumentos que posteriormente se presentan ante la ciudadanía como propios.
La IA como herramienta, no como sustituto del criterio
La inteligencia artificial ya forma parte de numerosos ámbitos de la vida cotidiana, desde la educación hasta el trabajo y la comunicación.
Su utilización para ordenar ideas, corregir textos o mejorar la redacción no constituye, por sí misma, una irregularidad.
El problema aparece cuando una herramienta diseñada para asistir termina sustituyendo el análisis, la investigación y el criterio de quien tiene la responsabilidad de tomar decisiones o ejercer una función pública.
El caso de Bermúdez también revive cuestionamientos más amplios sobre el nivel de preparación de la clase política hondureña.
En los últimos meses, el uso de herramientas de IA por parte de políticos ha generado críticas cuando se evidencia que discursos, preguntas o publicaciones aparentemente elaboradas por funcionarios contienen instrucciones o elementos propios de una respuesta generada automáticamente.
Para sus críticos, el incidente de la diputada nacionalista es una muestra de cómo la tecnología puede terminar exponiendo, en lugar de ocultar, las carencias de algunos representantes públicos.
Gobernar, sin embargo, exige mucho más que producir un texto correctamente redactado. Requiere conocer los problemas del país, contrastar información, comprender sus causas, formular propuestas y, sobre todo, asumir responsabilidad por las posiciones que se defienden.
La inteligencia artificial puede ayudar a escribir mejor. Lo que no puede hacer por un funcionario es pensar, investigar y responder por él.








