- Radar Económico de Sendas advierte que, pese a la estabilidad financiera, la desaceleración de la economía, la inflación persistente y la crisis de la ENEE amenazan el panorama del segundo semestre de 2026.
TEGUCIGALPA, HONDURAS. –
Honduras llega a la segunda mitad de 2026 con una economía que mantiene señales de estabilidad financiera, pero con un crecimiento cada vez más débil, un costo de vida en aumento y reformas estructurales que siguen sin concretarse, según el más reciente Radar Económico de Sendas, titulado “A mitad de año: menos impulso, más presión en la economía hondureña”.
El análisis sostiene que, aunque el país conserva fortalezas como elevadas reservas internacionales, una reducción del riesgo país, mejores condiciones para acceder a financiamiento y avances en el programa con el Fondo Monetario Internacional (FMI), los principales motores de la economía muestran claros signos de desgaste.
Uno de los indicadores que refleja esta desaceleración es el Producto Interno Bruto (PIB), que creció 3.6 % durante el primer trimestre de 2026, por debajo del 4.3 % registrado en el mismo período del año anterior. A ello se suma la caída en el ritmo de la actividad económica, ya que el Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) pasó de crecer 4.5 % en diciembre de 2025 a apenas 2.1 % en mayo de 2026.
El informe también advierte que las remesas familiares, uno de los principales pilares de la economía hondureña, continúan aumentando, pero a un ritmo menor, mientras la industria maquiladora profundiza su contracción y la inversión privada pierde dinamismo, obligando a que el crecimiento dependa cada vez más de la obra pública.
Inflación y combustibles siguen presionando los bolsillos
A este escenario se suma el incremento del costo de vida. La inflación interanual alcanzó 5.83 % en junio, superando por tercer mes consecutivo el rango de tolerancia establecido por las autoridades monetarias.
Según Sendas, el aumento internacional de los precios del petróleo ha sido uno de los principales detonantes. Solo en mayo, los productos transables aportaron cerca del 70 % de la inflación, mientras que el transporte registró un incremento interanual del 17 %, convirtiéndose en uno de los rubros con mayor incidencia sobre los precios.
El impacto también alcanzó la energía eléctrica. En julio, la tarifa aumentó 12.5 %, luego de varios incrementos en los costos de generación asociados al comportamiento de los combustibles.
El estudio reconoce que parte del impacto fue amortiguado mediante subsidios estatales. Hasta mayo, el Gobierno había destinado 661.2 millones de lempiras para subsidiar combustibles y energía; sin embargo, advierte que esta medida solo ofrece un alivio temporal y aumenta la presión sobre unas finanzas públicas que ya operan con escaso margen.
“El gobierno de Honduras ya cuenta con un margen estrecho en sus finanzas y amortiguar estos golpes alivia un costo temporal, aunque deja un costo permanente”, señala el documento.
Además, el informe sostiene que el incremento aplicado a la tarifa eléctrica ni siquiera reflejó el ajuste completo que correspondía, por lo que parte de ese costo quedó pendiente para futuros trimestres.
ENEE continúa como uno de los principales desafíos
El Radar Económico identifica nuevamente a la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) como uno de los mayores problemas estructurales del país.
La estatal acumula una deuda superior a 4,500 millones de dólares, equivalente a cerca del 11 % del Producto Interno Bruto, mientras pierde aproximadamente el 38 % de la energía que ingresa al sistema por fallas técnicas y energía no facturada, pérdidas que representan alrededor de 500 millones de dólares anuales, es decir, cerca del 1.3 % del PIB.
A ello se suma que la reforma al sector eléctrico continúa sin lograr consenso en el Congreso Nacional, prolongando una situación que, según el análisis, continúa absorbiendo recursos públicos sin ofrecer una solución definitiva.
El propio Marco Macro Fiscal de Mediano Plazo proyecta que la ENEE requerirá 9,833 millones de lempiras durante 2026, equivalentes al 0.9 % del PIB, aumentando las necesidades de financiamiento del Estado.
Un segundo semestre cargado de incertidumbre
Pese a este panorama, Sendas destaca que Honduras mantiene fortalezas importantes, como la reducción del riesgo país a 167 puntos básicos, la colocación de un bono soberano en condiciones más favorables que en 2024 y los avances alcanzados con el FMI.
No obstante, advierte que el verdadero desafío será transformar esa estabilidad financiera en crecimiento sostenible mediante reformas que impulsen la productividad y la inversión.
Entre los principales riesgos para el segundo semestre, el informe identifica el posible impacto del fenómeno de El Niño sobre la agricultura y la seguridad alimentaria; la incertidumbre del comercio internacional; el comportamiento de las remesas y las políticas migratorias de Estados Unidos; así como el efecto que podrían seguir teniendo los combustibles sobre la tarifa eléctrica y la inflación.
El documento concluye que Honduras enfrenta una economía con retos cada vez más evidentes: un crecimiento que pierde impulso, una inflación que continúa fuera del rango esperado y problemas estructurales, como la crisis de la ENEE, que siguen sin encontrar una solución definitiva, factores que condicionarán el desempeño económico del país en los próximos meses.






