- Sectores denuncian persecución política y decisiones ya pactadas en el Congreso; defensa de Mario Morazán aviva el debate sobre el proceso
TEGUCIGALPA, HONDURAS. —
La destitución de funcionarios electorales mediante juicio político en el Congreso Nacional de Honduras ha desatado fuertes cuestionamientos en distintos sectores, que califican el proceso como “un circo y una venganza personal”, señalando que las decisiones ya estaban tomadas antes de su discusión en el pleno.
Críticos del proceso sostienen que lo ocurrido fue seguido por la población hondureña como un procedimiento marcado por la confrontación política, donde —a su juicio— prevalecieron acuerdos entre las principales fuerzas tradicionales (Partidos Nacional y Liberal), sobre un análisis técnico de los hechos.
En ese contexto, se ha señalado que la destitución de figuras como el exconsejero del Consejo Nacional Electoral (CNE), Marlon Ochoa, y del magistrado del Tribunal de Justicia Electoral (TJE), Mario Morazán, así como los magistrados suplentes del TJE, Lourdes Mejía y Gabriel Gutiérrez, respondería a una dinámica de control político de las instituciones electorales, en medio de una creciente polarización.
Señalamientos de persecución
Diversas voces afirman que el juicio político fue utilizado como una herramienta para concretar decisiones previamente acordadas, señalando que se habría “disfrazado” una persecución política bajo un procedimiento legal.
Entre las críticas también se menciona que no se garantizó un pleno ejercicio del derecho a la defensa, al no permitir —según estas posturas— un proceso de confrontación directa entre los acusados y los testigos, como ocurre en otros mecanismos judiciales.
Estas percepciones han alimentado la narrativa de que el objetivo del proceso era debilitar la representación de ciertos sectores políticos dentro de los órganos electorales, en específico la del Partido Libertad y Refundación (Libre), en un contexto donde se mantiene la disputa por el control institucional.
El caso Morazán
Uno de los puntos que más debate ha generado es la comparecencia del magistrado Mario Morazán, quien fue el único de los señalados en presentarse ante el pleno.
Durante su intervención, que se extendió por varias horas, Morazán rechazó las acusaciones en su contra y defendió su actuación, argumentando que sus ausencias a determinadas sesiones tenían justificación y estaban vinculadas a conflictos internos dentro del órgano electoral.
Según su versión, estas situaciones derivaron diferencias con actores políticos, que específicamente tienen que ver con el jefe de bancada del Partido Liberal, el diputado Jorge Cálix.
A partir de ello, sectores críticos sostienen que su caso habría sido llevado al debate legislativo en medio de tensiones personales y políticas, señalando que existiría un trasfondo de resentimiento por parte del jefe la bancada liberal.
Estas posturas apuntan a que su destitución podría responder a acuerdos políticos más amplios, en los que se negocian posiciones en distintas instituciones del Estado, en un contexto similar al observado en otros procesos recientes.
Sectores que respaldan su postura consideran que su defensa evidenció falta de méritos para su destitución, mientras que otros sostienen que el caso refleja tensiones políticas previas que habrían influido en el desenlace del proceso.
Defensa institucional y contexto político
Por su parte, desde el Congreso, el presidente Tomás Zambrano ha defendido la legalidad del juicio político, asegurando que se cumplió con el procedimiento establecido en la normativa vigente.
Sin embargo, el proceso se desarrolla en un contexto de alta polarización política, donde persisten señalamientos sobre acuerdos entre fuerzas tradicionales y disputas por el control de instituciones clave del Estado, como ya ha ocurrido en otros espacios.
Un precedente en debate
Aunque el juicio político es una figura contemplada en la legislación hondureña desde 2013, este caso se convierte en uno de los primeros en completarse en todas sus etapas.
No obstante, lejos de cerrar el capítulo, la destitución de los funcionarios ha abierto un debate más amplio sobre el uso de este mecanismo, sus garantías y su papel dentro de la dinámica política del país.
Para algunos sectores, lo ocurrido marca un precedente institucional; para otros, deja en evidencia las tensiones y disputas que siguen definiendo el rumbo político de Honduras.




