• La presidenta del CNE pide frenar el odio y reconstruir el tejido social, mientras crecen los cuestionamientos al órgano electoral y a su propio liderazgo
TEGUCIGALPA, HONDURAS.–
En un inicio de año marcado por la desconfianza política y la resaca de una crisis electoral aún no cerrada, la presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), Ana Paola Hall, lanzó este 1 de enero un llamado a detener la polarización y reconstruir el tejido social, al tiempo que recurrió a una de las advertencias más severas del siglo XX: las reflexiones del sobreviviente del Holocausto Primo Levi.
El mensaje, difundido en redes sociales, apela a la memoria histórica para advertir que los grandes colapsos morales y políticos no comienzan con violencia extrema, sino con discursos de odio, divisiones artificiales y la normalización del enfrentamiento entre “nosotros” y “ellos”.
Sin embargo, la reflexión emerge en un contexto incómodo: cuando el propio árbitro electoral enfrenta severos cuestionamientos por su actuación durante el proceso electoral de 2025.
Un discurso ético en medio de un descrédito institucional
La invocación de Levi no es menor. Al citar que los horrores del nazismo comenzaron cuando la sociedad se volvió “insensible, obediente y ciega”, Hall parece advertir que Honduras transita una ruta peligrosa.
Pero el mensaje abre una interrogante inevitable: ¿puede el CNE, señalado por falta de consensos, retrasos y decisiones controvertidas, erigirse como voz moral frente a la polarización que él mismo no ha logrado disipar?
Durante semanas, el órgano electoral ha estado en el centro de una tormenta política, con sectores que denuncian irregularidades, otros que acusan intentos de boicot institucional y una ciudadanía cada vez más escéptica frente a los resultados y procedimientos.
En ese escenario, el llamado a la reconciliación suena, para muchos, más a un gesto defensivo que a una autocrítica institucional.
Entre amenazas reales y responsabilidades públicas
Es innegable que Hall ha sido blanco de ataques personales, campañas de desprestigio y amenazas, un hecho que refleja el deterioro del debate público y que debe ser condenado sin matices.
No obstante, su mensaje evita abordar el fondo del reclamo ciudadano: la necesidad de transparencia, rendición de cuentas y certezas electorales, elementos clave para reconstruir cualquier tejido social.
El riesgo, advierten analistas, es que el discurso contra el odio se convierta en un recurso retórico que diluya responsabilidades políticas, trasladando el peso de la crisis únicamente al lenguaje de los actores, y no a las decisiones institucionales que alimentaron la desconfianza.
El desafío pendiente
El inicio de 2026 encuentra a Honduras con un sistema democrático tensionado, instituciones frágiles y una ciudadanía dividida.
En ese contexto, el mensaje de Ana Paola Hall plantea una advertencia válida, pero también un desafío pendiente: no basta con señalar los peligros de la polarización si no se asumen, desde el poder institucional, los errores que la profundizaron.
La historia, como recuerda Primo Levi, juzga no solo a quienes dividen, sino también a quienes —teniendo la responsabilidad de arbitrar— permiten que la división se normalice.









