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jueves, enero 8, 2026

Gabriela Castellanos: “Honduras no puede permitirse otro período de excusas”

  • En su primer artículo de 2026, la analista llama a exigir instituciones que funcionen, elecciones que cuenten y un país donde el rumbo se mida por hechos y no por discursos

TEGUCIGALPA, HONDURAS. –

La directora ejecutiva del Consejo Nacional Anticorrpción (CNA), Gabriela Castellanos abrió el 2026 con un artículo de fuerte contenido crítico y reflexivo, en el que advierte que el nuevo año no debe asumirse como una celebración automática, sino como una prueba decisiva para Honduras, marcada por la responsabilidad ciudadana y el cumplimiento real de las promesas políticas.

En su escrito, Castellanos sostiene que el año inicia sin triunfalismos, en un país que ha aprendido a convivir con la precariedad, la migración forzada, la violencia estructural y una democracia electoral frágil, muchas veces disfrazada de institucionalidad. Aun así, reconoce que el simple inicio de un nuevo año representa una forma mínima, pero auténtica, de esperanza.

La autora aclara que no se trata de la esperanza repetida en los discursos oficiales, “esos que el tiempo se encarga de desmentir”, sino de una esperanza vigilante y consciente, capaz de cuestionar la normalización del hambre, la pobreza y la exclusión convertidas en cifras estadísticas.

Castellanos subraya que Honduras no necesita redentores, sino romper con la obediencia ciega y la resignación histórica.

En ese sentido, recuerda que la democracia no es una concesión del poder, sino una tensión permanente frente a él, que no se agota en el acto de votar, sino que se construye desde la vigilancia, la exigencia y la defensa cotidiana.

“El 2026 puede ser una promesa, pero solo si se le arranca al cinismo, a los pactos de impunidad y a la política convertida en espectáculo”, plantea, al tiempo que propone un horizonte de cambios reales: menos abuso y menos mentira, más justicia que propaganda y más dignidad que miedo.

En su análisis, Castellanos enfatiza que salir del subdesarrollo no es únicamente una tarea económica, sino profundamente moral, que implica desmontar la cultura del “así es Honduras” y del “no se puede hacer nada”. Para ello, insiste en que la pobreza no es natural, la violencia no es inevitable y la migración no debe asumirse como destino.

“Honduras merece instituciones que funcionen, elecciones que cuenten y palabras que no mientan”, afirma, al llamar a la construcción de una esperanza organizada, consciente de que el poder sin vigilancia degenera y que el silencio nunca ha sido neutral.

Finalmente, advierte que el nuevo año no debe entenderse como una indulgencia colectiva.

Aunque reconoce que ningún gobierno puede resolverlo todo, sostiene que negar la responsabilidad de las nuevas autoridades sería igualmente irresponsable. Por ello, concluye que el país no puede permitirse otro período de excusas y que el rumbo nacional no se definirá por lo que se anuncie, sino por lo que efectivamente se cumpla.

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