¿Incautos o ambiciosos? | Dinero fácil, grandes promesas y pérdidas: la otra cara de las “inversiones” que seducen a los hondureños

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  • Testimonios revelan cómo la expectativa de multiplicar el dinero puede llevar a personas de distintos sectores a asumir grandes riesgos en negocios cuya operación y promesas deben ser verificadas.

TEGUCIGALPA, HONDURAS. —

La promesa de convertir una inversión en grandes ganancias en poco tiempo continúa seduciendo a hondureños de distintos sectores sociales. Profesionales, trabajadores y personas sin formación financiera pueden terminar colocando sus recursos en negocios que ofrecen rendimientos elevados, impulsados por la expectativa de obtener en meses lo que les tomaría años conseguir con su trabajo.

La historia se repite: alguien obtiene ganancias, recomienda el mecanismo, otros se incorporan y la confianza comienza a crecer. El problema aparece cuando el sistema deja de responder, las operaciones se detienen o los inversionistas intentan retirar su dinero y no pueden hacerlo.

El antecedente más reciente y de mayor impacto en Honduras fue el caso de Koriun Inversiones, que puso en evidencia los riesgos de entregar dinero bajo la expectativa de obtener elevados rendimientos. El caso dejó a miles de personas reclamando la recuperación de sus recursos y abrió un amplio debate sobre la necesidad de verificar antes de invertir quién administra el dinero, cómo se generan las ganancias y si la empresa cuenta con las autorizaciones correspondientes.

Ahora, nuevas experiencias de personas que aseguran haber invertido en HLV, empresa que se promocionaría como una alternativa para obtener beneficios económicos, vuelven a poner sobre la mesa los riesgos de este tipo de operaciones.

“Aquí nadie le pone cuchillo a nadie”

Una de las personas afectadas se comunicó con ConfidencialHN, cuya identidad se mantiene en reserva, reconoce que decidió participar voluntariamente y que anteriormente había obtenido buenos resultados con criptomonedas.

Según relató, llegó incluso a cambiar sus criptomonedas en El Salvador y esa experiencia positiva fue uno de los factores que lo motivaron a continuar arriesgando dinero.

“Yo he ganado bien anteriormente, me fue bien. Yo cambié mis criptomonedas en El Salvador y me fue bien”, relató.

Sin embargo, su última experiencia terminó de manera diferente. Asegura haber perdido aproximadamente 3,000 dólares, luego de apostar una cantidad mayor de dinero.

El entrevistado compara este tipo de operaciones con una apuesta y admite que, desde su perspectiva, existía la posibilidad tanto de ganar como de perder.

“Yo iba ganando, pero aposté mal y perdí”, explicó.

Incluso reconoce que, de haber arriesgado menos dinero, posiblemente habría obtenido una ganancia considerable con el capital inicial. Según su propio cálculo, pudo haber terminado con entre 100,000 y 200,000 lempiras de ganancia, pero decidió asumir un riesgo mayor.

“Como arriesgué más, entonces perdí”, manifestó.

El atractivo de ganar hasta 300%

El testimonio también evidencia uno de los elementos que pueden resultar más atractivos para quienes participan en este tipo de operaciones: la posibilidad de obtener rendimientos extraordinarios.

El entrevistado considera que cuando a una persona le ofrecen ganar hasta un 300 % sobre una inversión, el riesgo debería ser evidente. Sin embargo, reconoce que la posibilidad de multiplicar rápidamente el dinero puede pesar más que la prudencia.

“Casi siempre al ser humano le puede más la ambición”, reflexionó.

A su juicio, en estos modelos participan personas con diferentes capacidades económicas: desde quienes colocan cantidades relativamente pequeñas hasta quienes pueden invertir cientos de miles de lempiras.

Y cuando el sistema deja de funcionar, todos quedan expuestos a perder el dinero colocado.

Una pérdida que no todos denuncian

Pese a haber perdido unos 3,000 dólares, el entrevistado asegura que no contempla presentar una denuncia porque, según explica, nadie lo obligó a participar.

“No porque sería una tontera que yo ponga denuncia. Nadie me obligó a apostar”, sostuvo.

Para él, la decisión fue personal y, así como anteriormente tuvo ganancias con las criptomonedas, esta vez asumió las consecuencias de haber arriesgado una cantidad mayor.

“Fue voluntad mía meterme en este rollo y así como gané la vez pasada en las criptomonedas, así hay un riesgo de perder”, manifestó.

Su caso también muestra una realidad que puede dificultar conocer la verdadera dimensión de las pérdidas: algunas personas prefieren guardar silencio antes que admitir que entregaron su dinero y terminaron perdiéndolo.

Cuando la confianza llega desde el Congreso

Uno de los elementos que genera mayor preocupación en este tipo de situaciones es la participación o promoción de figuras públicas.

De acuerdo con el material proporcionado para esta nota, una diputada del actual Congreso Nacional aparece promocionando a HLV.

La presencia de una figura política puede generar un nivel adicional de confianza entre ciudadanos que la conocen y que incluso votaron por ella. Sin embargo, que una persona pública promocione o participe en la difusión de una empresa no constituye por sí mismo una garantía de que una inversión sea segura, rentable o esté autorizada por las instituciones correspondientes.

Precisamente por ello, cualquier ciudadano que considere entregar dinero debería verificar previamente la identidad de la empresa, su situación legal, las autorizaciones que posee, el destino de los fondos y, especialmente, de dónde provienen los rendimientos que promete.

La ambición no distingue clases sociales

El fenómeno tampoco parece limitarse a un determinado grupo de personas.

En este tipo de inversiones pueden participar ciudadanos con diferentes niveles de ingresos y preparación académica. La expectativa de obtener grandes cantidades de dinero en poco tiempo puede convertirse en el principal incentivo para asumir riesgos que, en otras circunstancias, posiblemente no se aceptarían.

El propio testimonio refleja esa contradicción: la persona asegura que no se arrepiente de haber participado porque pudo haber ganado una cantidad importante, aunque finalmente terminó perdiendo.

“Yo pude haber ganado, pero como arriesgué más, entonces perdí”, resumió.

Más allá de si cada participante considera su experiencia una inversión, una apuesta o una oportunidad de negocio, la advertencia permanece: cuando una propuesta promete multiplicar el dinero rápidamente, el potencial de ganancia suele ir acompañado de un riesgo igualmente elevado.

Por eso, después de experiencias como la de Koriun y ante nuevos negocios que despiertan interés entre los hondureños, la pregunta fundamental no debería ser únicamente cuánto se puede ganar, sino qué respalda realmente esa promesa y qué posibilidades existen de recuperar el dinero si algo sale mal.

Porque cuando la apuesta termina y el sistema deja de responder, la diferencia entre una oportunidad y una pérdida puede reducirse a una sola cosa: cuánto dinero decidió arriesgar cada persona.

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