• Entre lágrimas y dolor, el padre del oficial asegura que su hijo no solía participar en misiones de alto riesgo y revela que planeaba retirarse de la Policía para reunirse con su hija en España
TEGUCIGALPA, HONDURAS. –
El dolor, la indignación y las preguntas sin respuesta marcaron las declaraciones del padre del comisario póstumo Lester Josué Amador Herrera, uno de los cinco agentes de la DIPAMPCO que perdieron la vida durante el violento enfrentamiento armado ocurrido en Corinto, Omoa, Cortés.
En medio del duelo que embarga a la familia, el padre del oficial rompió el silencio y aseguró que su hijo “cayó en una trampa” durante el operativo ejecutado por las fuerzas de seguridad en la zona norte del país.
“Solo mandaron cinco y cuando hacen estas misiones mandan hasta 30 o 40 policías… solo se lo dejo a Dios”, expresó con evidente pesar, cuestionando las circunstancias en las que se desarrolló la operación que terminó en tragedia para la Policía Nacional.
Las declaraciones han generado nuevas interrogantes sobre la planificación y ejecución del operativo en el que también fallecieron otros cuatro miembros de la Dirección Policial Anti Maras y Pandillas Contra el Crimen Organizado (DIPAMPCO).
“No sé por qué lo mandaron”
El padre del comisario recordó que Lester Amador mantenía un perfil reservado dentro de la institución policial y que, en la mayoría de ocasiones, realizaba funciones administrativas más que operativas.
Además de su carrera policial, destacó la preparación académica de su hijo, quien era abogado y contaba con dos maestrías.
“No sé por qué lo mandaron a esa misión”, lamentó.
Según relató, el oficial tenía planes personales y familiares que lo mantenían enfocado en concluir una nueva etapa de su vida fuera de la institución policial.
Su padre reveló que Lester planeaba retirarse de la Policía Nacional una vez finalizara sus estudios, con el objetivo de viajar a España para reunirse con su hija.
Dolor e indignación tras la tragedia
La muerte de los cinco agentes en Corinto, Omoa, ha provocado conmoción a nivel nacional y ha puesto nuevamente en debate los riesgos que enfrentan los cuerpos de seguridad en operaciones contra estructuras criminales.
Familiares, compañeros y amigos han despedido a los policías caídos entre homenajes, honores y profundas muestras de dolor, mientras crecen las exigencias de esclarecer cómo ocurrió el enfrentamiento y si existieron fallas en la estrategia operativa.
El caso ha generado fuertes reacciones debido a la magnitud del ataque y a las circunstancias en las que los agentes fueron emboscados, situación que algunos sectores consideran una de las más violentas registradas contra cuerpos policiales en los últimos años.
Mientras tanto, las familias de los oficiales fallecidos intentan asimilar una pérdida irreparable que hoy enluta no solo a la Policía Nacional, sino a toda Honduras.





