- Especialistas advierten que las reservas subterráneas han sido explotadas durante décadas sin suficiente regulación ni medidas para garantizar su regeneración, mientras la escasez de agua se agrava en la capital.
TEGUCIGALPA, HONDURAS. –
La crisis de abastecimiento de agua que enfrenta el Distrito Central ha puesto sobre la mesa una discusión que durante años permaneció relegada: el uso, control y protección de los pozos subterráneos, considerados hoy una de las principales alternativas para enfrentar la emergencia hídrica en la capital.
De acuerdo con análisis académicos, en Tegucigalpa podrían existir más de 1,500 pozos, aunque solo una parte cuenta con información oficial y verificable, lo que dificulta conocer con precisión el estado y el aprovechamiento de estas reservas de agua.
La coordinadora de la Maestría en Recursos Hídricos de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), Tania Peña, explicó que las investigaciones desarrolladas desde la academia han permitido censar al menos 500 pozos, pero advirtió que la cifra real sería considerablemente mayor debido a la existencia de pozos privados o de difícil acceso.
La especialista señaló que la disminución en los niveles de los embalses ha convertido las aguas subterráneas en un recurso indispensable para abastecer a la población. Sin embargo, alertó que estas reservas han sido utilizadas durante décadas sin una adecuada planificación, regulación o estrategias que permitan su recarga natural.
“La capital ha venido utilizando sus reservas sin pensar en su regeneración. Es como gastar los ahorros sin prever una emergencia”, expresó Peña.
A criterio de la experta, el uso de los pozos debe priorizar el consumo humano, tal como lo establece la legislación vigente, especialmente en un contexto donde las fuentes superficiales de abastecimiento enfrentan una creciente presión por la sequía y la alta demanda.
Asimismo, enfatizó la necesidad de evaluar permanentemente la calidad del agua, regular los niveles de extracción y evitar la sobreexplotación de los acuíferos, ya que un uso descontrolado podría comprometer la disponibilidad del recurso en el futuro.
Peña también planteó que la gestión del agua en el Distrito Central requiere decisiones de fondo, entre ellas restringir usos no esenciales, como actividades recreativas o turísticas, con el objetivo de garantizar una distribución más equitativa del recurso entre la población.
Finalmente, hizo un llamado a las autoridades y a la ciudadanía para proteger las zonas de recarga hídrica, fundamentales para mantener el abastecimiento de los pozos y asegurar la sostenibilidad del recurso.
“Toda crisis representa una oportunidad. Este es el momento de repensar cómo usamos y protegemos el agua”, concluyó la especialista.






