• Hondureños cubren sus medidores y rechazan las visitas por rumores sobre un eventual cambio de contadores y una posible privatización de la ENEE; censistas denuncian puertas cerradas y ofensas.
TEGUCIGALPA, HONDURAS. —
El Censo Nacional de Población y Vivienda 2026 avanza en distintos puntos del país, pero también enfrenta un obstáculo que no estaba en las proyecciones: la desconfianza de parte de la población.
En aldeas, barrios y colonias, algunos ciudadanos han optado por cubrir sus contadores de energía eléctrica con bolsas negras o impedir que los encargados del levantamiento censal tomen fotografías de los medidores.
Detrás de esta resistencia están los rumores que circulan entre la población sobre un eventual reemplazo de contadores y una posible privatización de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE).
El temor ya está teniendo consecuencias concretas: hogares que se niegan a colaborar y personal del censo que denuncia puertas cerradas, insultos y rechazo durante sus recorridos.
Censistas denuncian rechazo
Trabajadores que participan en el proceso han relatado que en algunas viviendas los residentes se niegan a brindar información, mientras otros simplemente les cierran la puerta.
Algunos incluso aseguran haber sido objeto de ofensas mientras realizan su trabajo en las calles.
Ante esta situación, el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha pedido a la población permitir el ingreso de los equipos debidamente identificados y colaborar con el proceso.
Los censistas portan chaleco, gorra y carné con código QR, elementos que permiten verificar su identidad antes de responder a la entrevista.
El llamado ocurre en medio de una creciente confusión sobre el verdadero propósito de las fotografías que se toman durante las visitas.
¿Por qué fotografían los contadores?
El director del INE, Rony Francisco Pacheco, ha asegurado que la información recolectada durante el censo es privada y confidencial y que será utilizada exclusivamente con fines estadísticos.
Según la explicación ofrecida por la institución, las fotografías de viviendas o contadores tienen como finalidad verificar que el censista efectivamente realizó la visita al hogar, como parte de los mecanismos de control del trabajo de campo.
Es decir, el INE sostiene que las imágenes no buscan identificar bienes de los ciudadanos ni preparar cambios en los sistemas de medición eléctrica.
El problema, sin embargo, es que la explicación oficial parece no haber llegado con suficiente claridad a todos los sectores de la población.
Honduras intenta llenar un vacío de 13 años
La desconfianza ocurre mientras Honduras intenta actualizar sus principales estadísticas demográficas después de 13 años sin realizar un nuevo censo poblacional.
Durante ese período, el país ha experimentado cambios importantes en su población, migración, urbanización y condiciones socioeconómicas, pero el Estado continúa trabajando con información que no refleja completamente la realidad actual.
El objetivo del nuevo censo es determinar cuántos somos, dónde vivimos y cómo vivimos, datos que resultan fundamentales para planificar la inversión pública y establecer las necesidades de cada comunidad.
Una población que no se cuenta puede quedar fuera
El exdirector del INE, Eugenio Sosa, ha defendido el censo como una herramienta de Estado que debe estar por encima de las disputas partidarias.
Sosa también ha llamado a la ciudadanía, incluida la militancia de los distintos partidos políticos, a colaborar con el proceso y ha señalado que la indumentaria utilizada por los censistas no contiene identificación partidaria.
La preocupación también ha sido planteada por el exministro José Carlos Cardona y por Héctor Figueroa, director del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAH, quienes advierten que una comunidad que no es correctamente contabilizada puede terminar siendo menos visible para la planificación estatal.
La consecuencia podría reflejarse en decisiones sobre escuelas, centros de salud, agua potable, vivienda, infraestructura y otros servicios públicos.
El desafío también es recuperar la confianza
El Censo 2026 representa, por tanto, un desafío que va más allá de llenar formularios.
La situación expone una debilidad que el Gobierno de Nasry Asfura y las instituciones involucradas tendrán que atender: la comunicación con la ciudadanía.
Cuando una explicación oficial no logra despejar las dudas, los rumores terminan ocupando ese espacio. Y el temor a que una fotografía del contador pueda estar relacionada con el futuro de la ENEE demuestra hasta qué punto la falta de información puede alimentar la resistencia.
Por eso, además de pedir colaboración, las autoridades tienen el reto de explicar con mayor claridad qué se fotografía, para qué se fotografía, cómo se protege esa información y quién tendrá acceso a ella.
El éxito del censo dependerá tanto del trabajo de los equipos en las calles como de la confianza que logren generar detrás de cada puerta.
Después de 13 años sin actualizar su fotografía demográfica, Honduras necesita saber con precisión cuántos habitantes tiene y cuáles son sus necesidades. Pero para contar al país, primero habrá que convencer a los hondureños de que dejarse contar no significa quedar expuestos.







