- Exconsejero del CNE acusa fraude, persecución y amenazas tras ser separado por el Congreso; su reacción aviva la polarización y eleva la tensión política
TEGUCIGALPA, HONDURAS. —
Tras ser destituido como consejero del Consejo Nacional Electoral (CNE), Marlon Ochoa reaccionó con dureza a través de sus redes sociales, en medio de un proceso en el que no compareció ni ante el pleno del Congreso Nacional de Honduras ni ante la comisión especial que instruyó su juicio político.
La destitución de Ochoa fue aprobada con 88 votos a favor, luego de que el pleno conociera el informe de la comisión investigadora, el cual recomendó su separación del cargo por presuntas irregularidades en el ejercicio de sus funciones durante el proceso electoral de 2025.
En la misma jornada también fueron destituidos el exmagistrado del Tribunal de Justicia Electoral (TJE), Mario Morazán, así como los magistrados suplentes Lourdes Mejía Estapé y Gabriel Gutiérrez.
“Eliminan al testigo”
Minutos después de oficializarse su salida, Ochoa publicó un mensaje en su cuenta de X en el que lanzó fuertes acusaciones contra el proceso y sus impulsores:
“NO LES BASTÓ CONSUMAR EL FRAUDE; AHORA ELIMINAN AL TESTIGO”, escribió.
El exconsejero sostuvo que su destitución fue resultado de acuerdos políticos y no de un procedimiento justo. “Hoy han negociado y pagado mi condena”, afirmó.
En un pronunciamiento más amplio, Ochoa denunció que no fue objeto de un juicio real:
“Como lo advertí, no hubo juicio: hubo persecución y venganza. Al estilo de la Santa Inquisición, bajo la dirección de Tomás Zambrano, ejecutaron mi condena con ropaje de legalidad”.
Además, aseguró que su caso estuvo acompañado de una campaña de difamación en su contra y contra miembros del Partido Libertad y Refundación (Libre).
Señalamientos de fraude y amenazas
El exfuncionario fue más allá al cuestionar la legitimidad del proceso electoral de 2025, afirmando que “no hubo elecciones libres” y denunciando un supuesto fraude desde las cúpulas del Partido Nacional y el Partido Liberal.
“Se robaron las elecciones y ese es un acto de asociación terrorista que debe ser investigado”, expresó, al tiempo que se autodefinió como un “testigo presencial” de las irregularidades.
Ochoa también lanzó acusaciones graves al asegurar que enfrenta persecución judicial y amenazas contra su vida. Según dijo, se le estarían fabricando cargos y ordenando su captura con el objetivo de llevarlo a prisión.
“Empujan a la cárcel, donde planifican mi muerte. Hay pruebas”, denunció, sin ofrecer detalles adicionales.
Mensaje final: “Seguiré luchando”
En el cierre de su pronunciamiento, Ochoa afirmó que no se someterá a quienes calificó como “verdugos” y aseguró que continuará su lucha política.
“Seguiré luchando desde donde esté. No importan las dificultades. Regresaré a Honduras. La lucha no termina”, expresó.
Asimismo, indicó que su vida y la de su familia quedan “en manos de Dios, del pueblo y del partido Libre”.
Un caso que profundiza la crisis política
La reacción de Ochoa se suma a un clima ya marcado por la polarización tras la destitución de autoridades electorales, en un proceso que distintos sectores defienden como legal, mientras otros lo cuestionan por su trasfondo político.
Sus declaraciones elevan aún más la tensión y colocan en el centro del debate la credibilidad de las instituciones, el uso del juicio político y las condiciones en las que se desarrolló el proceso electoral de 2025.




