- Julio Raudales señala que millones de hondureños enfrentan dificultades para cubrir sus necesidades básicas y reclama políticas sostenidas en educación, salud y empleo para romper el ciclo de pobreza.
TEGUCIGALPA, HONDURAS. —
La pobreza continúa siendo una de las principales dificultades estructurales de Honduras. El economista Julio Raudales señaló que la pobreza extrema afecta a más del 40 % de los hogares hondureños, una realidad que, a su juicio, exige políticas públicas sostenidas y una estrategia de desarrollo que trascienda los períodos de gobierno.
Raudales explicó que cuando se habla de una incidencia de pobreza general cercana al 62 %, no se hace referencia exclusivamente a pobreza extrema. Sin embargo, indicó que esta última supera el 40 %, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).
El economista destacó que la pobreza extrema representa una situación especialmente grave, ya que implica que los hogares no cuentan con ingresos suficientes siquiera para cubrir sus necesidades alimentarias. Estimó que esta condición afecta a más de cuatro millones de personas, mientras que la pobreza general alcanza a más de seis millones de hondureños.
Una problemática que persiste desde hace décadas
Raudales sostuvo que la pobreza en Honduras es un fenómeno estructural que se ha mantenido durante generaciones. Recordó que en 1991 la pobreza general afectaba a 76 de cada 100 hogares y que, a finales de la década de 1990, se situaba alrededor del 66 %.
Asimismo, señaló que Honduras asumió compromisos internacionales para reducir estos indicadores, pero no logró alcanzar las metas planteadas.
Para el economista, la persistencia de la pobreza demuestra que las medidas aisladas no son suficientes y que el país necesita políticas de largo alcance, con continuidad y objetivos claros.
Crecimiento económico e inversión social
Entre los factores fundamentales para reducir la pobreza, Raudales mencionó el crecimiento económico acompañado de políticas sociales orientadas a mejorar el acceso a la educación, la salud y las oportunidades laborales.
Explicó que una economía con mayor crecimiento puede generar condiciones para que las personas accedan a empleos con mejores ingresos y aumenten su productividad. Sin embargo, consideró necesario que ese crecimiento esté acompañado de inversión social para que sus beneficios lleguen a los sectores más vulnerables.
También alertó sobre el impacto de la desnutrición crónica infantil, especialmente durante los primeros años de vida. Señaló que en las zonas rurales cerca del 30 % de los niños presentan esta condición, lo que puede limitar sus capacidades y oportunidades futuras.
Educación para romper el ciclo de pobreza
Raudales consideró que la educación debe ocupar un lugar central en las políticas públicas, particularmente en los niveles prebásico, básico y medio.
Afirmó que una inversión sostenida en estas áreas podría contribuir a transformar la realidad del país, aunque los resultados de una estrategia de esta naturaleza podrían tomar entre 15 y 20 años.
El economista lamentó la falta de continuidad de las políticas educativas de largo alcance y sostuvo que Honduras necesita concentrar recursos en la niñez y la juventud para romper los ciclos de pobreza.
Finalmente, agregó que, ante la falta de oportunidades laborales y mejores condiciones de vida, muchas personas terminan considerando la migración como una alternativa para mejorar su situación económica y la de sus familias.
Raudales insistió en que enfrentar la pobreza requiere una visión de país que trascienda los períodos de gobierno y que combine crecimiento económico, inversión social y oportunidades reales para la población.











