- La falta de agua amenaza cosechas, alimentos, ingresos rurales y finanzas públicas, mientras 234 municipios permanecen bajo algún nivel de alerta por la emergencia.
TEGUCIGALPA, HONDURAS. —
La sequía que golpea a Honduras durante 2026 dejó de ser, para el Foro Social de la Deuda Externa y Desarrollo de Honduras (Fosdeh), un problema exclusivamente ambiental y se ha convertido en una amenaza social, alimentaria, productiva y fiscal que podría profundizar las vulnerabilidades que arrastra el país.
El prolongado déficit de lluvias, acompañado por el fortalecimiento del fenómeno de El Niño, está afectando las fuentes de agua, la producción agropecuaria y las condiciones de vida de miles de familias, especialmente en las zonas rurales.
La dimensión de la emergencia queda reflejada en el mapa de alertas. Según el análisis del Fosdeh, desde el 18 de agosto 234 municipios permanecen bajo algún nivel de alerta de Copeco: 75 en alerta roja, 71 en amarilla y 88 en verde.
Para la organización, estas cifras demuestran que ya no se trata de comunidades aisladas, sino de una crisis con alcance nacional.
El riesgo ahora está en los alimentos
Uno de los principales temores está relacionado con las pérdidas registradas en la cosecha de primera, que amenazan tanto la disponibilidad de granos básicos como los ingresos de las familias productoras.
El escenario podría complicarse aún más si la falta de lluvias afecta la cosecha de postrera. Una producción insuficiente significaría menos alimentos disponibles, reducción de las reservas familiares y mayores presiones sobre los precios.
El impacto recaería con mayor fuerza sobre los pequeños productores y los hogares de menores ingresos, que destinan una proporción importante de sus recursos a la compra de alimentos.
A esto se suman los elevados costos de combustibles e insumos agrícolas, que reducen la capacidad de los productores para recuperarse de las pérdidas y aumentan la vulnerabilidad de las familias rurales.
El Fosdeh advierte que la sequía no crea por sí misma estas condiciones de vulnerabilidad, sino que profundiza problemas preexistentes como la pobreza, la inseguridad alimentaria y la desnutrición.
La emergencia también golpea las finanzas públicas
El problema, según el análisis, no termina en el campo. La respuesta a la emergencia también plantea un desafío para las finanzas públicas.
El Fosdeh cuestiona que se pretenda enfrentar la crisis únicamente mediante el traslado o adelanto de recursos ya presupuestados para las municipalidades, debido a que esos fondos estaban destinados originalmente a obras, servicios, inversiones y otras obligaciones para 2026.
La organización sostiene que una emergencia extraordinaria requiere financiamiento extraordinario, pero acompañado de reglas claras, trazabilidad y mecanismos estrictos de rendición de cuentas.
La rapidez para ejecutar recursos, advierte, no debe convertirse en una excusa para debilitar los controles públicos.
Del auxilio a la prevención
Ante este panorama, el Fosdeh plantea cambiar la forma en que Honduras enfrenta las emergencias climáticas. La propuesta no se limita a distribuir ayuda cuando ya ocurrieron las pérdidas, sino a desarrollar políticas que reduzcan la vulnerabilidad de las comunidades.
Entre sus planteamientos figuran declarar una emergencia humanitaria y climática en los territorios más afectados y crear un Plan Nacional Extraordinario de Seguridad Alimentaria 2026-2027.
También propone proteger la producción de granos básicos mediante semillas, insumos, financiamiento y asistencia técnica, además de preparar desde ahora las condiciones para la cosecha de postrera.
Uno de los proyectos planteados es “Sembrar Agua”, una estrategia nacional orientada a la cosecha, almacenamiento, infiltración y conservación del recurso hídrico, mediante reservorios, captación de lluvia, rehabilitación de sistemas de riego, protección de microcuencas y recuperación de suelos.
El planteamiento parte de una premisa cada vez más evidente: sin seguridad hídrica tampoco puede existir seguridad alimentaria.
Transparencia, otro frente de la emergencia
El manejo de los recursos públicos constituye otro de los puntos centrales del análisis. Ante los antecedentes de corrupción registrados en anteriores emergencias, el Fosdeh demanda que se hagan públicos los fondos asignados y ejecutados, las instituciones responsables, las contrataciones, proveedores, beneficiarios, criterios de priorización y resultados.
Asimismo, reclama que se establezcan responsabilidades administrativas, civiles y penales ante eventuales actos de apropiación, desviación o utilización política de los recursos destinados a atender la emergencia.
Para la organización, cualquier irregularidad adquiere mayor gravedad cuando se trata de fondos destinados a personas que enfrentan simultáneamente escasez de agua, pérdida de alimentos y falta de ingresos.
Una crisis que no terminará con 2026
El Fosdeh considera que Honduras necesita superar las respuestas fragmentadas y de corto plazo y avanzar hacia un Plan Nacional de Desarrollo integral e inclusivo que vincule la atención inmediata de la emergencia con políticas destinadas a reducir la pobreza, fortalecer la agricultura familiar, garantizar la seguridad alimentaria, proteger los recursos naturales y aumentar la resiliencia de los territorios.
La advertencia de fondo es que lo que está en juego no son únicamente las cosechas.
La prolongación de la sequía puede comprometer el agua, los alimentos, los ingresos de miles de familias, la producción nacional y los recursos públicos, mientras profundiza una pobreza que ya afecta a amplios sectores de la población.
Para el Fosdeh, Honduras enfrenta así una crisis que comenzó con la falta de lluvia, pero que puede terminar afectando prácticamente todos los pilares de la vida económica y social del país.








