Sequía y crisis climática amenazan la seguridad alimentaria de 2,2 millones de hondureños

TEGUCIGALPA, HONDURAS. –

La inseguridad alimentaria en Honduras podría alcanzar a 2,2 millones de personas a finales de 2026 si el Gobierno no adopta medidas urgentes frente a la sequía y el sector agrícola retrasa su adaptación al cambio climático, agravando la crisis que ya padecen 1,8 millones de hondureños, advierten expertos consultados por EFE.

La coordinadora del Observatorio de Inseguridad Alimentaria y Nutricional de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), María Luisa García, dijo a EFE que la situación ya constituye una “crisis prolongada”, con 10 de los 18 departamentos del país afectados por la sequía.

“Al día de hoy tenemos 1,8 millones de hondureños viviendo en inseguridad alimentaria y nutricional”, indicó García, quien explicó que muchas familias no tienen asegurada su alimentación diaria o sobreviven con una o dos comidas al día.

Agregó que el problema golpea con mayor fuerza al denominado Corredor Seco, una franja que abarca parte del este, sur, centro y oeste del país, donde las pérdidas de cultivos de maíz y fríjoles, granos básicos en la dieta de los hondureños, son frecuentes debido a la sequía o a lluvias torrenciales.

García atribuyó la vulnerabilidad de esa región a factores como la falta de acceso al agua, el desempleo, la dependencia del trabajo informal y la ausencia de políticas públicas diferenciadas y «la falta de compromiso político».

Panorama alimentario «no es halagador»

Honduras, con unos 10 millones de habitantes, enfrenta graves problemas en materia de seguridad alimentaria ligados a la escasez de tierras para campesinos, de los que muchos cultivan para subsistir, y al impacto de fenómenos naturales agravados por la crisis climática.

El panorama para los próximos meses «no es halagador», subrayó García, al advertir que la falta de lluvias amenaza la producción agrícola y podría obligar al Gobierno a incrementar la importación de granos básicos, lo que elevaría aún más el costo de la canasta alimentaria.

La especialista añadió que la crisis también tiene un fuerte componente económico, ya que el 78 % de la población activa trabaja en el sector informal o carece de un empleo con ingresos fijos, lo que limita la capacidad de compra ante el alto coste de vida.

Ante este escenario, el Observatorio de la UNAH pidió revisar y “regionalizar” las políticas públicas, mejorar las fuentes de empleo, promover semillas resistentes al calor y auditar los fondos de cooperación internacional asignados a lo largo de los años.

García advirtió además que la inseguridad alimentaria afecta gravemente la salud, especialmente de la niñez, al provocar retrasos en el desarrollo físico y cognitivo, debilitar el sistema inmunológico y aumentar el riesgo de enfermedades crónicas en la adultez.

Un «cambio cultural» en la agricultura

Ante esta situación, los productores deben combinar adaptación y mitigación mediante un “cambio cultural” en sus prácticas agrícolas para enfrentar las alteraciones en los patrones del clima, afirmó a EFE la coordinadora de Cambio Climático de la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG), Tirza Espinoza.

Espinoza indicó que las lluvias y temperaturas han cambiado sus patrones tradicionales, por lo que los agricultores deben modificar el manejo de sus fincas y mejorar el uso del suelo y del agua.

«El agricultor debe aprender a manejar el suelo, para empezar, y el uso eficiente del riego (…) implementar riego con el agua que la planta necesita, no más ni menos», recalcó.

La Organización de Naciones Unidas presentó esta semana a la Asociación de Municipios de Honduras una estrategia humanitaria dotada con 63,2 millones de dólares para asistir a 762.000 personas en 33 municipios hondureños con altos niveles de vulnerabilidad.

El plan contempla proyectos enfocados en seguridad alimentaria, nutrición, acceso a agua potable, salud, saneamiento y protección social, con énfasis en mujeres, niñas y niñez.

Con información de EFE

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