Sin humildad ni arrepentimiento: JOH reaparece con palabras fuertes y lanza advertencia a Honduras

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El exmandatario rompió el silencio con un tono confrontativo, exigió que “dejen de joder con su nombre”, insistiendo en su inocencia y dejó entrever que la muerte de su hermana Hilda Hernández pudo haber sido un atentado.

TEGUCIGALPA, HONDURAS.– 

Lejos de un mensaje conciliador o de autocrítica, el expresidente Juan Orlando Hernández reapareció públicamente con palabras duras y un tono desafiante, enviando una advertencia directa a quienes no creen en su inocencia. 

“Ya dejen de joder con mi nombre”, exclamó, en una intervención que reavivó la polarización política y generó reacciones encontradas.

Sin mostrar señales de humildad ni arrepentimiento, Hernández defendió su versión de los hechos y reiteró que fue víctima de una persecución política impulsada —según dijo— por sectores de la izquierda radical. 

Afirmó que su encarcelamiento en Estados Unidos respondió a mentiras y acuerdos políticos, y que su liberación se debió a un perdón que calificó de “total, absoluto e incondicional” otorgado por Donald Trump.

El exmandatario sostuvo que no guarda rencor, pero dejó claro que responderá públicamente a quienes cuestionan su inocencia. 

“No tengo odio, tengo el compromiso de decir la verdad”, dijo, aunque su discurso estuvo marcado por advertencias y señalamientos a opositores que —aseguró— continúan usando su nombre para justificar fracasos políticos.

En uno de los pasajes más sensibles de sus declaraciones, Hernández dejó entrever que la muerte de su hermana, Hilda Hernández, podría no haber sido un hecho fortuito. 

Sin aportar pruebas nuevas, afirmó tener la convicción de que pudo tratarse de un atentado, en el contexto de la lucha contra el crimen organizado durante su administración. 

La afirmación, realizada en términos de sospecha personal, reabrió un tema que ha sido objeto de debate público desde el fallecimiento de su hermana.

Hernández también relató episodios de su paso por el sistema penitenciario estadounidense, asegurando que fue trasladado a cárceles de alta peligrosidad y que su vida estuvo en riesgo.

 “Estoy vivo por la gracia de Dios”, afirmó, al insistir en que su caso es un ejemplo de uso político de la justicia.

El expresidente evitó expresar disculpas por su gestión o por las consecuencias políticas e institucionales que dejó su gobierno. 

En cambio, reiteró que continuará hablando y concediendo entrevistas para defender su nombre. “Donde haya una injusticia, ahí voy a estar”, advirtió.

Las declaraciones de JOH reactivan un clima de confrontación en el escenario político hondureño y plantean nuevos cuestionamientos sobre el tono y el alcance de su retorno al debate público, marcado más por la desafianza y la advertencia que por la reconciliación o el reconocimiento de responsabilidades.