Trump se jacta de “mover” a Latinoamérica hacia la derecha y se atribuye victorias electorales

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El mandatario estadounidense presume de su influencia en la región y asume como triunfo personal el giro político de países como Honduras y Colombia

WASHINGTON, EEUU.  — 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a exhibir su influencia sobre América Latina y se atribuyó parte del cambio político que ha llevado a varios gobiernos de la región desde posiciones de izquierda hacia la derecha.

Desde el Despacho Oval de la Casa Blanca, Trump presentó el nuevo mapa político latinoamericano como un resultado favorable a su Administración y aseguró que el continente es ahora muy diferente al de hace algunos años.

“Han pasado de la izquierda a la derecha. Todos están yendo hacia la derecha”, afirmó ante periodistas, mientras presumía de que Washington ha recuperado respeto e influencia entre los gobiernos latinoamericanos.

Trump aseguró que hace dos años muchos países de la región, según él, no mostraban ningún respeto por Estados Unidos, pero sostuvo que esa situación cambió y que actualmente a su Gobierno le está “yendo muy bien en Suramérica, en Latinoamérica”.

Honduras, uno de los ejemplos que alimentan su discurso

El caso hondureño resulta particularmente relevante frente a las declaraciones del mandatario estadounidense. Durante las elecciones de noviembre de 2025, Trump intervino abiertamente en la campaña y pidió a los hondureños votar por el candidato del Partido Nacional, Nasry Asfura.

El presidente estadounidense calificó a Asfura como un aliado de la libertad y advirtió sobre lo que presentó como un supuesto avance del comunismo en Honduras. También lanzó fuertes cuestionamientos contra sus principales adversarios, Rixi Moncada y Salvador Nasralla. 

Asfura terminó ganando los comicios por un margen estrecho y fue declarado presidente después de un proceso marcado por retrasos, problemas técnicos y denuncias de fraude. La diferencia final frente a Salvador Nasralla fue inferior a un punto porcentual. 

Posteriormente, Trump no ocultó el orgullo por su intervención. Al referirse a Honduras, afirmó que había apoyado a alguien que “no iba en la delantera” y que finalmente ganó las elecciones. 

Así, Honduras aparece como uno de los ejemplos más claros de la estrategia que Trump ahora reivindica: intervenir políticamente en una elección extranjera, respaldar públicamente a un candidato y después presentar su victoria como parte del avance de su agenda en la región.

Colombia, otro triunfo que Trump pone en su cuenta

El mandatario estadounidense también señaló a Colombia, donde el ultraderechista Abelardo de la Espriella llegó recientemente al poder tras derrotar al izquierdista Gustavo Petro.

Trump respaldó públicamente a De la Espriella durante la segunda vuelta presidencial y ahora se atribuye parte del resultado al recordar que el candidato, según su versión, “no era el favorito” y aun así terminó ganando.

La intervención estadounidense en los comicios colombianos fue cuestionada desde sectores de la oposición, que denunciaron injerencia extranjera. Análisis recientes también han señalado que Washington ha utilizado apoyos políticos, sanciones y otras herramientas para intentar inclinar el terreno electoral hacia candidatos afines.

Trump, sin embargo, interpreta esos resultados desde otra perspectiva: como evidencia de que su influencia está modificando el equilibrio político del continente.

Milei y el pulso con la izquierda

Argentina también forma parte del relato triunfalista del presidente estadounidense. Trump destacó su estrecha relación con Javier Milei y aseguró que ayudó a ganar elecciones a “muchas personas” en ese país.

La relación entre ambos mandatarios se ha convertido en uno de los principales puntos de acercamiento entre Washington y los gobiernos de derecha de América Latina.

En el extremo contrario permanecen Brasil y México, encabezados por Luiz Inácio Lula da Silva y Claudia Sheinbaum, respectivamente, considerados los principales bastiones de la izquierda latinoamericana.

Trump dijo mantener “una buena relación” con Brasil pese a sus diferencias con Lula. El escenario brasileño podría convertirse, además, en otro frente de disputa política regional debido al enfrentamiento entre Lula y Flávio Bolsonaro, aliado del mandatario estadounidense.

Una nueva disputa por el poder regional

El mapa que Trump presenta como una victoria de Washington incluye actualmente a gobiernos como los de Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Honduras y Perú, mientras México y Brasil continúan siendo los principales contrapesos de izquierda.

Pero detrás de la celebración de Trump hay una cuestión política de mayor alcance: hasta dónde puede llegar la influencia de Estados Unidos en las decisiones electorales de sus vecinos.

El mandatario estadounidense no se limita a celebrar que la derecha haya ganado terreno. Sus propias declaraciones muestran que pretende presentar esos resultados como consecuencia de su liderazgo e intervención.

En el caso de Honduras, esa influencia quedó expuesta de manera particularmente directa con su respaldo a Asfura durante la campaña. En Colombia ocurrió algo similar con De la Espriella.

Trump, en definitiva, no solo presume de que Latinoamérica esté girando hacia la derecha: presume de haber ayudado a empujarla en esa dirección. Y esa afirmación abre nuevamente el debate sobre la soberanía electoral de los países latinoamericanos y el papel que Washington pretende jugar en el futuro político del continente.

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