¡El salario no alcanza! Honduras tiene la canasta básica más cara de Latinoamérica

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• El costo de los alimentos supera los 16,800 lempiras, por encima del salario mínimo, mientras miles de familias se ven obligadas a reducir sus tiempos de comida para enfrentar el encarecimiento de la vida.

TEGUCIGALPA, HONDURAS. –

Honduras enfrenta una creciente presión sobre la economía de los hogares. El país tiene actualmente la canasta básica más cara de Latinoamérica en relación con el poder adquisitivo de sus ciudadanos, según la organización defensora de los derechos de los consumidores Artículo 19.

Darwin Ponce, presidente de la Fundación de Protección al Consumidor Artículo 19, advirtió que el costo de los productos esenciales supera la capacidad económica de buena parte de la población, debido a que la canasta básica alcanza los 16,800 lempiras, mientras el salario mínimo se ubica entre 12,000 y 14,000 lempiras.

Ponce explicó que la comparación con otros países de la región no debe limitarse al precio de los alimentos, sino que también debe considerar cuánto ganan sus habitantes y su capacidad para cubrir las necesidades básicas.

Como ejemplo, señaló que Panamá tiene un Producto Interno Bruto (PIB) per cápita hasta seis veces superior al de Honduras, lo que refleja una diferencia importante en la capacidad económica de ambos países.

En ese sentido, sostuvo que, aunque en otras naciones los alimentos puedan tener precios similares o incluso superiores, sus ciudadanos cuentan con mayores ingresos para adquirirlos. En Honduras, por el contrario, el problema radica en que el ciudadano promedio no tiene suficiente poder adquisitivo para cubrir el costo de la canasta básica.

La situación se agrava con las constantes alzas en los mercados. El viernes se reportaron incrementos en los precios de productos como lácteos, verduras, pan y huevos en distintos mercados de la capital, golpeando todavía más el presupuesto familiar.

El impacto ya se refleja en la alimentación de los hondureños. 

Estudios académicos advierten que el encarecimiento de los productos básicos ha obligado a numerosas familias a reducir de tres a dos sus tiempos de comida diarios, una situación que evidencia cómo la pérdida del poder adquisitivo está comprometiendo incluso la alimentación cotidiana de la población.

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