El “Súper El Niño” enciende las alarmas: NOAA eleva a 95% el riesgo de un evento extremo

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  • El fenómeno podría intensificar las sequías, alterar las lluvias y empujar las temperaturas a niveles récord, con Honduras entre los países que deberán reforzar su preparación ante un escenario climático cada vez más complejo.

TEGUCIGALPA, HONDURAS. —

La alerta climática internacional subió de tono. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) elevó al 95 % la probabilidad de que El Niño alcance una intensidad “muy fuerte” entre octubre y diciembre de 2026, un escenario que podría convertir al actual episodio en uno de los más intensos registrados desde mediados del siglo pasado.

La actualización representa un salto importante frente a las proyecciones anteriores y prácticamente descarta que el fenómeno permanezca en una categoría moderada durante su etapa de mayor desarrollo.

Además, los modelos apuntan a una posibilidad cercana al 69 % de que la intensidad del evento supere los registros históricos de El Niño desde 1950, de acuerdo con las estimaciones divulgadas en los últimos días. (CT Insider)

Aunque popularmente algunos especialistas y medios han comenzado a referirse al escenario como un “Súper El Niño”, las autoridades climáticas utilizan categorías técnicas como “fuerte” y “muy fuerte”. Lo que está claro es que el fenómeno ha ganado fuerza y que sus efectos podrían sentirse mucho más allá del Pacífico ecuatorial.

Un fenómeno, impactos distintos

El Niño no golpea de la misma manera a todos los países. Su influencia modifica la circulación atmosférica y puede alterar los patrones habituales de lluvia y temperatura en distintas partes del planeta.

En algunas regiones, el principal peligro será la sequía prolongada, con efectos sobre la agricultura, los embalses, las fuentes de agua y la disponibilidad de alimentos. En otras, el fenómeno puede favorecer condiciones de lluvias intensas, inundaciones y desbordamientos.

Por ello, el meteorólogo César Quintanilla advierte que no debe interpretarse el fenómeno como una amenaza idéntica para todos los territorios: sus consecuencias dependerán de la ubicación geográfica y de la interacción de El Niño con otros patrones atmosféricos.

Estados Unidos, por ejemplo, ya contempla escenarios de precipitaciones por encima de lo normal en algunas regiones, mientras que otros territorios podrían experimentar condiciones más secas y cálidas.

Honduras ya siente la presión

Para Honduras, la advertencia internacional llega cuando el país ya enfrenta los efectos de El Niño.

El Centro de Estudios Atmosféricos, Oceanográficos y Sísmicos (CENAOS) había advertido que el fenómeno podría prolongar la sequía hasta comienzos de 2027, con especial presión sobre la producción agropecuaria, la disponibilidad de agua y la seguridad alimentaria.

Además, Copeco elevó en julio a alerta amarilla a 75 municipios debido a la sequía, mientras otros municipios permanecían bajo vigilancia por el déficit de lluvias.

Las perspectivas climáticas elaboradas para Honduras también identifican riesgos relacionados con sequía meteorológica y una canícula prolongada, particularmente relevantes para las zonas agrícolas y para el abastecimiento de agua.

Esto significa que un fortalecimiento de El Niño podría aumentar la presión sobre sectores que ya enfrentan dificultades, especialmente el agro y las comunidades con menor disponibilidad de agua.

El calor también preocupa

Otro de los factores que mantiene en alerta a los científicos es la temperatura.

El calentamiento extraordinario del océano Pacífico y la transferencia de energía hacia la atmósfera pueden contribuir a elevar las temperaturas globales. Los pronósticos de la NOAA ya contemplan condiciones de temperaturas superiores a lo normal en amplias zonas durante los próximos meses.

La combinación de más calor, déficit de lluvias y períodos prolongados de sequía puede traducirse en mayores necesidades de agua, estrés para los cultivos, afectaciones al ganado y un aumento del riesgo de incendios forestales.

Pero el riesgo no se limita al clima. Un episodio de gran intensidad también puede repercutir en la seguridad alimentaria, infraestructura, salud pública, generación y disponibilidad de agua, dependiendo de cómo evolucione en cada región.

Prepararse antes de que llegue el golpe

La NOAA mantiene que El Niño continuará fortaleciéndose durante 2026 y podría persistir hasta comienzos de 2027. La institución ya había estimado en julio una probabilidad del 97 % de que el fenómeno permaneciera hasta la primavera boreal de 2027.

El nuevo escenario refuerza, por tanto, la necesidad de que gobiernos, productores y comunidades no esperen a que las consecuencias sean evidentes para actuar.

En Honduras, donde la sequía ya ha obligado a activar medidas preventivas, la advertencia internacional coloca nuevamente sobre la mesa la urgencia de proteger las fuentes de agua, ajustar los calendarios agrícolas, garantizar reservas de alimentos y fortalecer los sistemas de alerta y respuesta.

Más que un fenómeno lejano, El Niño comienza a perfilarse como uno de los principales desafíos climáticos de los próximos meses. Y ante un posible evento de intensidad extraordinaria, la diferencia entre una emergencia controlable y una crisis de mayor escala podría depender de cuánto se haga antes de que sus efectos alcancen su punto máximo.

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