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martes, junio 25, 2024
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El tercer país más grande de África arde en un devastador conflicto armado: ¿Puede sumir en el caos a toda la región?

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SUDÁN.

(RT)- Desde el pasado fin de semana, Sudán vive un brutal conflicto armado entre las fuerzas leales a dos generales, que se encuentran en el poder de facto desde el golpe de Estado del 2019. Los enfrentamientos ya han dejado cientos de muertos y miles de heridos, y esto solo según datos oficiales. ¿Qué ha llevado al tercer país más grande de África al borde de una guerra civil a gran escala y cómo puede esta crisis afectar a la región en general?

Historia y causas del conflicto

En diciembre del 2018, se produjeron protestas en Sudán contra la administración del entonces presidente Omar al-Bashir, quien a su vez también llegó al poder mediante un golpe militar en 1989, por problemas económicos y corrupción. Finalmente, tras unos 6 meses de protestas, el Ejército sudanés decidió intervenir y Al-Bashir fue derrocado y arrestado.

Como consecuencia, el poder pasó a manos del Consejo Militar de Transición, liderado por el general Abdel Fattah al-Burhan. El cargo de su adjunto lo ocupó Mohammed Hamdan Dagalo, más conocido como ‘Hemedti’, comandante de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), la fuerza paramilitar que surgió de las antiguas milicias conocidas como ‘yanyauid’ y cuyas funciones en los últimos años han incluido la seguridad interna y la lucha contra el contrabando. 

Las milicias yanyauid también son conocidas por su participación en el conflicto en la región de Darfur del 2003, donde fueron utilizadas por la administración de Al-Bashir para ayudar al Ejército sudanés a sofocar la rebelión de una minoría étnica que acusó al Gobierno central de discriminación. Según los datos de la ONU, durante el conflicto unas 300.000 personas murieron y cerca de 2,7 millones se vieron obligadas a desplazarse.

En agosto del 2019, los militares llegaron a un acuerdo con los grupos promotores de las protestas, tras lo cual se creó el Consejo Soberano, formado por civiles y militares, y finalmente Sudán inició un largo y complejo proceso de transición del poder a estructuras civiles. 

Durante este tiempo, ya estuvo en el poder un funcionario no militar, Abdalla Hamdok, que también fue derrocado del cargo de primer ministro por el Ejército en el 2021, pero debido a la presión internacional fue reinstalado en el cargo poco después y alcanzó un acuerdo con los militares para lograr la transición a un gobierno civil en el país. Sin embargo, Hamdok dimitió en el 2022. «He hecho todo lo posible para evitar que el país se deslice hacia el desastre», dijo a la nación, señalando la «fragmentación de las fuerzas políticas y los conflictos entre los componentes [militares y civiles] de la transición». Advirtió también que el país estaba «en un peligroso punto de inflexión que amenaza toda su supervivencia».

Al final, ambos generales, que habían declarado su compromiso con la transformación democrática de Sudán, consiguieron llegar a un acuerdo sobre la formación de un gobierno civil y la celebración de elecciones generales. El acuerdo final debía haberse firmado a principios de abril, en el cuarto aniversario de la destitución de Al-Bashir, pero el acto se retrasó.

Se cree que el principal motivo para aplazar la firma fue la cuestión de la integración de las RSF en la Fuerzas Armadas tras la transición del país a un gobierno civil. Al-Burhan, por ejemplo, creía que la integración de las RSF en las estructuras del Ejército tenía que completarse lo antes posible, en un par de años, mientras que Hemedti insistía en un mínimo de 10 años.

Cabe destacar que, mientras que, según los datos del portal especializado en estadísticas Macrotrends, el Ejército sudanés contaba con unos 124.000 soldados en el 2019, se desconoce el número exacto de los combatientes de las RSF, pero se cree que podría tener hasta 100.000 efectivos en todo el país. 

Comienzo de las hostilidades

Los enfrentamientos se iniciaron la mañana del 15 de abril, cuando se produjo una serie de choques armados en la capital sudanesa, Jartum, y otras ciudades cercanas. El Ejército y las RSF se acusan mutuamente de provocar el conflicto.

El portavoz del Ejército, el general Nabil Abdullah, acusó a las RSF de haber atacado áreas pertenecientes a las FF.AA., por lo que se vieron en la obligación de responder. Precisó que ahora consideran a las RSF como una «fuerza rebelde» contra el Estado. «Estamos luchando una batalla que se ha retrasado durante mucho tiempo», declaró el Ejército, reafirmando al mismo tiempo su compromiso con la transición del país a un gobierno civil.

Asimismo, según un comunicado de las RSF, las Fuerzas Armadas lanzaron un «brutal ataque» con armamento pesado contra su cuartel general, situado en unos campamentos del suburbio de Soba, asediándolo a continuación, tal y como se aprecia en varios videos difundidos en las redes sociales. Desde la fuerza paramilitar anunciaron que se defendieron y «respondieron a las fuerzas hostiles», ocasionando numerosas bajas. 

A su vez, Hemedti instó a la comunidad internacional a «actuar e intervenir contra los crímenes» de Al-Burhan, calificándolo de «islamista radical que bombardea a civiles desde el aire». «Estamos luchando contra islamistas radicales que esperan mantener a Sudán aislado y en la oscuridad, y alejado de la democracia», afirmó, subrayando que las acciones de las RSF «no son más que una respuesta al asedio y al ataque» contra sus tropas.

En las primeras jornadas de hostilidades se han registrado enfrentamientos en toda la capital sudanesa, especialmente en los alrededores de las instalaciones gubernamentales, los edificios de la televisión estatal y el Aeropuerto Internacional de Jartum. Las RSF afirmaron que sus tropas habían tomado el control de varios cuarteles generales e instalaciones estratégicas en la capital y otras localidades del país, entre ellas el Palacio Republicano —sede presidencial de la nación—, además de los aeropuertos de Merowe y de El-Obeid.

Mientras tanto, desde las FF.AA., que negaron la toma de sus cuarteles, declararon haberse apoderado de todos los cuarteles generales de las RSF en la ciudad de Omdurman, así como la base más grande de los rebeldes, ubicada en el estado de Jartum. Además, confirmaron que su Fuerza Aérea había realizado ataques contra una serie de objetivos de las RSF, subrayando que los bombardeos «continuarán hasta la liquidación de la última agrupación de milicias rebeldes en la capital».

Cabe señalar que el segundo aeródromo militar más importante, después del de Jartum, está en la ciudad de Merowe, a unos 350 kilómetros al norte de la capital, donde también se encuentran unos cazas egipcios, en el marco de un acuerdo sobre maniobras conjuntas con los militares sudaneses. Después de que los paramilitares tomaran el control de la base, el personal militar egipcio desplegado allí fue capturado.

Por su parte, las autoridades egipcias comunicaron casi inmediatamente que El Cairo no toleraría ningún ataque contra sus soldados o equipos militares. Recientemente, tanto el Ministerio de Defensa egipcio como las RSF informaron de que los soldados, en «excelente estado de salud», habían sido entregados a la Cruz Roja Internacional para ser repatriados.

Cientos de muertos y miles de heridos

Según los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde el inicio del conflicto, 413 personas murieron, entre ellos 9 niños, y 3.551 resultaron heridas. 

Mientras tanto, los combates han obligado a cerrar el 70% de los hospitales de las zonas afectadas, dejando a miles de civiles heridos sin atención médica. Según el Comité Central de Médicos de Sudán, nueve hospitales han sido bombardeados y 16 fueron evacuados por la fuerza. Por su parte, las instalaciones médicas que siguen funcionando están desbordadas y no tienen suficiente personal ni suministros médicos.

Aunque durante el conflicto se informó varias veces de que las partes habían acordado un alto el fuego, ninguno de los intentos tuvo éxito. El último anuncio de una tregua fue hecho por las RSF este jueves, en vísperas de la fiesta musulmana del Eid al Fitr, que marca el final del Ramadán: «Sobre la base de acuerdos internacionales, regionales y locales, hemos acordado una tregua humanitaria de 72 horas a partir de las 06:00 de la mañana. Señalamos que la tregua coincide con el bendito Eid al Fitr y abre corredores humanitarios para evacuar a los ciudadanos y permitirles reunirse con sus familias».

Sin embargo, la tregua no duró mucho y las hostilidades se reanudaron, luego que desde el grupo paramilitar afirmaran que el enemigo seguía disparando, subrayando que «no se quedarán de brazos cruzados mientras el Ejército rompe la tregua». Por su parte, las FF.AA. declararon a Al Arabiya que la retirada de las RFS de Jartum es una condición para cualquier alto el fuego.

Al mismo tiempo, más tarde el viernes, el Ejército anunció su acuerdo con la tregua de 3 días. «Las Fuerzas Armadas han acordado una tregua por un período de 3 días a partir de hoy, viernes 21 de abril, para permitir a los ciudadanos celebrar el Eid al Fitr, y para garantizar la prestación de servicios humanitarios. Las Fuerzas Armadas esperan que los rebeldes cumplan todos los requisitos de la tregua y cesen cualquier acción militar que pueda obstaculizarla», reza una declaración del Comando General del organismo.

«Lo que ocurra en Sudán no se quedará en Sudán»

A medida que el conflicto solo se agrava, se plantea la cuestión de si las divisiones internas de Sudán podrían afectar a la situación en toda la región. De acuerdo con el Instituto de la Paz de EE.UU. (USIP) la guerra en un país africano podría extender la inestabilidad a través del flujo de refugiados que cruzan las fronteras y ampliar las crisis humanitarias. Así, Chad y Egipto ya cerraron sus fronteras con Sudán.

La escalada de violencia también ha provocado preocupación por las posibles consecuencias para Trípoli, ya que en caso de que el conflicto se prolongue no está claro cómo afectaría al problema de los combatientes y mercenarios extranjeros en Libia, muchos de los cuales tienen estrechos vínculos con Sudán.

Así, el jefe de la Autoridad de Administración y Organización Militar en el sur de Libia, Abdelsalam al-Busaifi, pidió a los jefes del Estado Mayor del este y oeste que cerraran la frontera con Sudán y asignaran «fuerzas militares para vigilarla y evitar infiltraciones». Advirtió que los combates en el país vecino «afectarán a la situación en Libia si no se toman medidas rápidas y serias para evitar sus consecuencias». «Deberíamos seguir el ejemplo de Chad, que cerró sus fronteras tan pronto como empezaron los enfrentamientos», subrayó.

El USIP subraya que ahora es importante prestar atención a las posturas de Egipto, Eritrea, Etiopía y Sudán del Sur, ya que, si los combates continúan sin perspectivas de llegar a su fin, las partes del conflicto necesitarán líneas de suministro. «Los gobiernos regionales, así como los del Golfo, con intereses creados en Sudán, pueden verse tentados a apoyar a uno u otro», señaló.

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