Muere de forma repentina monseñor Teodoro Gómez, obispo de Choluteca

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• El jerarca católico falleció en Madrid cuando viajaba a Roma para participar en la Visita ad Limina, dejando en luto a la Iglesia hondureña y a la feligresía del sur del país.

TEGUCIGALPA, HONDURAS. –

La Iglesia católica hondureña se encuentra de luto tras confirmarse este lunes 28 de septiembre el fallecimiento de monseñor Teodoro Gómez Rivera, obispo de la Diócesis de Choluteca, a los 63 años. 

De acuerdo con información divulgada por Suyapa Medios y reportes de medios hondureños, el religioso murió de manera repentina en Madrid, España, durante una escala de su viaje hacia Roma, donde tenía previsto participar en la Visita ad Limina Apostolorum, encuentro en el que los obispos presentan su situación pastoral ante el papa y los organismos de la Santa Sede.

Según las primeras informaciones, monseñor Gómez habría sufrido complicaciones de salud poco después de llegar al aeropuerto de Madrid, antes de completar los trámites migratorios. 

Hasta el momento no se han precisado oficialmente las causas de su fallecimiento ni se han informado los detalles sobre la repatriación de sus restos y los actos fúnebres. 

La noticia ha provocado consternación entre la comunidad católica, particularmente en Choluteca, mientras la Iglesia hondureña expresa sus condolencias a familiares, sacerdotes y feligreses.

Una vida dedicada a la Iglesia

Nacido el 7 de mayo de 1963 en El Banquito, Choluteca, Teodoro Gómez Rivera fue ordenado sacerdote el 27 de enero de 1996. 

A lo largo de su trayectoria desempeñó diferentes responsabilidades pastorales y de formación, entre ellas vicario general de la Diócesis de Choluteca, vicario episcopal para la Pastoral, delegado diocesano de Cáritas y rector del Instituto Santa María Goretti. 

En noviembre de 2020 fue nombrado por el papa Francisco obispo auxiliar de Tegucigalpa, y en enero de 2023 fue designado obispo de Choluteca. 

Con este nombramiento se convirtió en el primer hondureño en asumir el gobierno pastoral de esa diócesis, después de una sucesión de obispos de origen canadiense. 

Su repentina muerte deja un vacío en la Iglesia hondureña y especialmente en la comunidad católica del sur del país, que ahora espera conocer los detalles oficiales sobre las honras fúnebres y el retorno de sus restos a Honduras.

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