SAG niega una hambruna, pero admite que miles de familias no tienen dinero para comprar comida

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  • El Gobierno asegura que los alimentos están disponibles en los mercados, aunque reconoce que entre el 16 % y 17 % de la población enfrenta riesgo alimentario estructural y advierte que la sequía podría agravar el problema en los próximos meses.

TEGUCIGALPA, HONDURAS. —

El Gobierno hondureño asegura que no existe riesgo de hambruna ni escasez generalizada de alimentos, pero al mismo tiempo reconoce una realidad que pone en entredicho el alcance de esa tranquilidad oficial: tener alimentos disponibles en los mercados no significa que las familias más vulnerables puedan comprarlos.

El titular de la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG), Moisés Abraham Molina Guillén, rechazó las advertencias de una posible hambruna y sostuvo que los granos básicos continúan disponibles en los diferentes centros de venta del país.

Sin embargo, el propio funcionario admitió que existe una diferencia fundamental entre la disponibilidad de alimentos y la capacidad de acceder a ellos económicamente.

“Una cosa es que no haya capacidad de adquisición del alimento y otra cosa es que no exista alimento”, sostuvo Molina.

La afirmación plantea una de las principales interrogantes frente a la crisis provocada por la sequía: ¿de qué sirve que haya alimentos en los mercados si una familia que perdió su cosecha y sus ingresos no tiene dinero para comprarlos?

La comida está en los mercados, pero el dinero puede no estar en los hogares

Molina fue enfático al afirmar: “No hay riesgo de hambruna, lo digo y lo reitero. No falta alimento, no hay escasez de alimentos en el mercado nacional”.

El funcionario argumentó que el concepto de hambruna corresponde a situaciones extremas, caracterizadas por condiciones severas de desnutrición y pérdida de vidas humanas.

Pero reducir el debate únicamente a la existencia física de alimentos deja sobre la mesa otro problema: el acceso económico.

Según las propias cifras citadas por Molina, entre el 16 % y el 17 % de la población hondureña enfrenta condiciones de riesgo alimentario estructural, especialmente en comunidades vulnerables del Corredor Seco.

Es decir, aunque actualmente puedan encontrarse granos básicos en los mercados, existe una proporción importante de hondureños que enfrenta dificultades para garantizar su alimentación.

La sequía amenaza con profundizar el problema

La situación podría complicarse todavía más en los próximos meses. Molina reconoció que las pérdidas ocasionadas por la sequía comenzarán a sentirse con mayor fuerza entre septiembre y noviembre, cuando debería ingresar al mercado buena parte de las cosechas sembradas durante mayo y junio.

El impacto podría ser particularmente duro para agricultores de subsistencia y pequeños productores, quienes dependen de sus cultivos para dos objetivos fundamentales: alimentar a sus familias y generar ingresos mediante la venta de parte de la producción.

Si la cosecha se pierde, no solo desaparece el alimento producido por la propia familia; también puede desaparecer el ingreso con el que posteriormente compraría otros alimentos.

Alcaldes alertan mientras el Gobierno pide no hablar de hambruna

Las declaraciones de la SAG ocurren mientras alcaldes de municipios afectados por la sequía solicitan asistencia ante las pérdidas agrícolas y las dificultades que enfrentan sus comunidades.

Molina reconoció que estas zonas necesitan atención, pero insistió en que el problema no responde a una falta de alimentos en el mercado.

“Se puede ir a cualquier centro de venta, a cualquier mercado, y ahí están los granos básicos”, afirmó.

El argumento oficial, sin embargo, contrasta con la realidad económica de las familias afectadas: los mercados pueden estar abastecidos mientras los hogares están perdiendo su capacidad de compra.

El desafío no termina con tener reservas

El Gobierno asegura que mantiene reservas de alimentos y que actualmente dispone de mayores existencias para atender emergencias, además de entregar ayuda a familias afectadas y asistencia para el ganado.

Pero las reservas y las entregas de alimentos responden principalmente a la emergencia inmediata. El desafío de fondo es evitar que las pérdidas agrícolas profundicen una problemática que ya afecta a una parte importante de la población.

Honduras, además, continúa dependiendo de importaciones de productos como frijol y arroz, pese a que la SAG sostiene que existe capacidad para aumentar la producción nacional.

La discusión, por tanto, no debería limitarse a determinar si hay comida en los mercados.

El punto crítico es otro: si las familias que perdieron sus cosechas, sus ingresos o su fuente de subsistencia tendrán capacidad para acceder a ella.

Y ahí aparece la contradicción que deja abierta la propia declaración de la SAG: el Gobierno descarta una hambruna porque hay alimentos disponibles, pero reconoce que miles de hondureños enfrentan precisamente el problema de no poder comprarlos.

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