Monday, Oct 14, 2019
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TEGUCIGALPA, HONDURAS 

El excongresista Juan Antonio Tony Hernández confesó a agentes de la DEA sobre cómo operaban los cárteles de la droga en Honduras, el aterrizaje de narcoavionetas, el trasiego de estupefacientes en recipientes inusuales a fin de ser ingresados a EE.UU. durante varios años hasta que algunos capos fueron arrestados y extraditados hacia ese país.

En las investigaciones que realizó Radio Globo y ConfidencialHN durante varios años fueron refrendados por el excongresista que afronta juicio ante un tribunal federal de Nueva York, por lo que se reafirman los nexos entre la clase política y la delincuencia organizada.

En el extenso relato, el detenido asegura que recibió dos pistolas Glock, un reloj y una yegua de uno de los capos de la droga, quiénes estarían involucrados en el negocio del trasiego de estupefacientes hacia EE.UU., la participación de algunos alcaldes en la delincuencia organizada y sus intentos de esquivar los señalamientos hechos por la DEA, ante el tribunal federal de Nueva York al sostener que nunca tuvo relación a pesar de que sus entrevistadores lo desafiaron a que observara las evidencias que penden en su contra.

Afirmó conocer a los hermanos Valle Valle, Héctor Velásquez Torres, Toño Frontera, a quien le imputan de conspirar para matar al exembajador James Nealon y que fue el intermediario para ofrecerle mucho dinero y un helicóptero a cambio de convertirlo en diputado por Lempira junto a su propietario Samuel Reyes.

De acuerdo al interrogatorio, Hernández aseguró que su hermano Juan Orlando «lo mandaría preso» si supiera que está comprometido con los cárteles y afirmó que los encuentros con los señalados ocurrieron en uno de los negocios de su familia y de los cuales era el administrador.

El acusado, quien acudió en octubre de 2016 a EE.UU. para, supuestamente entrevistarse con funcionarios de aquel país y desvirtuar las acusaciones en su contra, dijo que conoció personalmente a Vïctor Hugo Díaz Morales, el Rojo, y se «enteró» de cómo operaba el negocio de la droga y cómo algunos de sus compañeros de la infancia perdieron la vida al involucrarse en el tráfico de estupefacientes.

Aunque el defensor de Tony Michael Teinn alegó ante un juez federal que su cliente había sido interrogado sin la presencia de un abogado -Manuel Retureta- y que los agentes lo habrían «conminado» a proseguir con el diálogo, en la entrevista se detalla de que el imputado conoció a el Rojo a través de Carlos Mauricio Toledo, conocido por el mote de Manny, quien a su vez trabajó con Héctor Emilio Fernández Rosa, don H; ambos están privados de libertad en EE.UU.

Dijo que Manny vívió en su casa y que en más de una ocasión le dio dinero para que solventara problemas económicos y que solía ir a «trabajar» a San Pedro Sula y con el paso de los días solía traer güisqui, ropa y mucho dinero, cuando se «percató» de que era un colaborador del narcotráfico.

El capo Diaz Morales, señala el relato, llegó a Gracias a instalar un negocio y luego se fue de ese lugar porque le había ido mal. Con el tiempo, regresó a reclutar gente y «con él inclusive tuvimos una buena amistad», según dijo Tony. De hecho, al trasluz de la confesión, Hernández admitió de manera tácita que congenió con el Rojo porque «no le pedía dinero» y los encuentros se realizaban en una vivienda de San Pedro Sula.

Afirmó que el Rojo fue quien «pretendió» meterlo al narcotráfico y que «jamás le recibió dinero» porque sería volverse «recluta» de ellos y que lo conoció a través del congresista Juan Carlos Valenzuela y que ellos fueron compañeros de escuela y «hasta montaban toros». «El Rojo me ofreció trabajar con él…(la droga) la pasaban por Guatemala. Ellos, con sus tragos, se les salían las cosas».

Recordó que Mario José Cubeta Cálix Hernández también estaba involucrado con el crimen, por lo que era otro de los operadores del cártel que había operado en la zona occidental de Honduras; le propuso «ser parte» de la estructura y que aprendiera a «pasar drogas en pajilla».

«Era una (buena) persona, pues que ayudaba a bastante gente pero también tenía un carácter bien fuerte. Y él me decía: ‘Me gusta de vos que no pedís’… cuando empezaban a hablar de ciertas cosas, ‘mientras menos sepa, más voy a vivir. Y la realidad es que no quiero interesarme en los temas que ustedes están hablando’, y seguimos la relación. Y después también estaba involucrado este muchacho, Mario José Cálix», rememoró.

Respecto a Cubeta –quien se entregó a la justicia de EE.UU.- confesó que estuvo involucrado en el robo de vehículos, tanto él como su padre y un hermano y que es uno de los pocos sobrevivientes del cártel de el Rojo ya que los otros fueron ultimados mientras traficaban drogas. Contó que Cálix mantuvo una buena relación con el Rojo,»cuando ellos se empezaron a pelear con don H. Hasta donde sé, también como que ellos participaron en varias limpiezas (asesinatos de contrarios) que hacían ellos».

Aunque uno de los interrogadores le advirtió que le presentaría pruebas sobre su participación en el trasiego de drogas, en su papel de conspirador, Tony negó formar parte de estructuras mafiosas y rechazó que los paquetes de cocaína con la leyenda TH (iniciales de su nombre y apellido) fueran de su propiedad. «¿Cómo voy a poner las propias iniciales de uno en algo tan delicado? ¿Por qué pondría yo (el logotipo), si fuera poco inteligente de poner mis iniciales en algo así?», dijo Hernández y aseguró que los capos «no se vinieron alegres con el presidente».

Los miembros del clan presidencial, sostuvo, «pasan con miedo» porque «en cualquier momento alguien de la familia va a pagar por lo que hizo el gobernante al mandarlos acá (a EE.UU.)» y que su hermano había emprendido una cacería brutal contra las organizaciones delincuenciales ya que en el país se había disparado la violencia producto del trasiego de drogas.

Contó que los narcos lo acusaban de tener unas caletas (compartimientos falsos) en unos camiones en Santa Bárbara e insistió que en ningún momento había colocado la marca TH en los cargamentos de droga que fueron confiscados por la DEA. «Ese señor (el Rojo) confundió la amistad, él estaba tomando porque ellos no son amigos de nadie. Carlitos (Toledo) me quedó viendo y me quiso decir ‘pensalo y hoy (das la respuesta)», expuso.

Aseguró que el flagelo «es un problema de los dos partidos (Liberal y Nacional)» y que durante el gobierno de Manuel Zelaya no pudo saber sobre el alcance que podría tener el narcotráfico en las altas esferas porque no tuvo acceso a los altos funcionarios de la época para conocer el tema y que él era un «simple mortal… Pasaba desapercibido, tranquilo. Sólo era el hermano de Juan Orlando, porque él era el diputado en ese momento».

A sabiendas de que podría recibir otra acusación penal por pretender despistar a sus entrevistadores, Tony siguió con un juego de palabras para ocultar cualquier sospecha, entre ellas, decir que nunca tuvo ganancias en su presunta participación como conspirador y que los recursos que están consignados a su cuenta de ahorros proviene de la administración de los negocios familiares.

Uno de los agentes que lo entrevistó en la primera ocasión supo que el detenido le mintió al afirmar que jamás conoció a los Cachiros y que tampoco recibió dinero de los hermanos Devis Leonel y Javier Eriberto Rivera Maradiaga. No obstante, se comprometió con ellos a averiguar del porqué no se les pagaba un dinero producto de la construcción y, por casualidad, se «enteró» de que ambos eran transportistas de drogas.

Recordó que los dos cabecillas de la agrupación criminal eran perseguidos por EE.UU. y por el gobierno hondureño ya que «estaban en el ojo del huracán», porque su hermano «no les pagó» por los servicios que prestaron a través de empresas de construcciones civiles. «El presidente Hernández dijo que no les iba a pagar a esas empresas por estar en el ojo del huracán».

Acerca de su relación con Toño Frontera, dijo que le advirtió que «terminaría en problemas como los demás», aunque su interlocutor le decía que si quería dinero, le podía traer en grandes cantidades y llegaba a una suerte de finca que le heredó su padre para entablar pláticas a fin de acercarlo a otros señores de la droga (hermanos Valle Valle) y darle muchos recursos económicos.

Uno de esos días, según la confesión, llegó Velásquez Torres y tuvo un cruce de palabras; le aseguró que «alguien los está pajeando (engañando)… A los señores se los van a llevar. Si hay alguien de la Policía que les está dando mentiras díganles que es falso». «Nadie va a detener eso. A esos señores se los van a llevar. ‘Sí, pero el trato’, me dice, ‘es que no se los lleven’. ‘Bueno, yo no sé quién hizo el trato porque con Juan no se ha hecho y usted sabe cómo es Juan’. ‘Pero mire Tony, ayudémosles…’, ‘si hay alguien de la Policía que les está diciendo’ digo que ‘se los van a llevar’. Ellos sí me mandaron a ofrecer directamente dinero para y con (Julián) Pacheco nunca tuve acceso a poder preguntarle algo».

Uno de los métodos que usaban los cárteles para movilizar la droga, recordó Hernández, era a través de fuertes cargamentos de reses, cuyas heces suelen distraer a los perros antidroga y «se supone que la están pasando, han encontrado varias caletas de donde va el ganado» y uno de los supuestos transportistas fue identificado por el apellido Pinto.

Aseguró que jamás trabajó con los hermanos Valle Valle porque, «al único que mandaban era a Toño Frontera con pisto y un teléfono para hablar con ellos y hablé con él una vez y me dijo que me ofrecía helicópteros, que estaba apoyando a diputados del Partido Liberal y lo que quería era tener gente en el Congreso para poder manejar el tema de las extradiciones».

Hubo muchos ofrecimientos de dinero para alcaldes, incluyendo uno de Gracias, candidatos a diputados por los jefes de los cárteles, hasta le advirtieron que «no te estés llevando con determinada persona… se llama WM. El hermano de él estaba teniendo problemas».

«Mirá, me dice, ‘que esa gente se lleva con Moncho Matta (Waldurraga)’, me dice, ‘y te están teniendo una trampa, te están tendiendo una trampa, para que te metan a un lío’. ‘No, mire, le voy a decir: lo único que hace es ejecutarme el proyecto de carreteras. Que él ande en otras cosas o no… de W me han dicho muchas cosas’, le digo. ‘Pero él viaja a Estados Unidos a cada rato. Él trabaja con medio mundo, siempre y cuando yo no sepa cuáles son los negocios secundarios… a mí lo que me interesa es que desarrolle las carreteras. Si anda en licitación pues yo dejo los fondos en… en Finanzas y que me arreglen la carretera”. «(Con) Este señor (Fredy) Nájera, Moncho Matta me mandó a decir con un amigo que yo les había aceptado dinero a los Cachiros, perdón, a los Valle y que ya me tenían en la bolsa. Con el hermano de Marlon, que era mi compañero de bufete. ‘Tony, vení y decíme, ¿es cierto que vos ya le aceptaste dinero a esta gente?» (sic.).

«¿Quién dice? le digo. ‘No, a mí me dijeron donde Moncho Matta’. Porque Moncho Matta en Tegucigalpa andaba por donde fuera. Y él decía que no tenía ningún problema –hasta que los tuvo y se vino a presentar o no sé si lo capturaron. Y algunos bienes se le entregaron nuevamente que se le habían incautado allá en Honduras, pero el resto quedaron incautados. Y cuando él me mandó a decir eso… ese mismo día estábamos bebiendo y le dije: ‘Decíle que nos miremos en algún lado y que nos volemos la madre. Vos andás con cincuenta personas y yo con seis muchachos’ pero yo le digo: ‘¿Por qué anda diciendo eso de mí?’».

«A los dos días mi hermano me llamó y me dijo por qué tenía, que andar diciendo cosas a ese señor (Matta); que iba a terminar muerto o comprometiendo a la gente que andaba conmigo. Y total, gracias a Dios, nunca me pude encontrar con ese muchacho. Pero bueno, no le hubiera dicho nada, era porque estaba con mis tragos, pero sí, él…él siguió trabajando todo el tiempo después de muerto su papá y tenía una relación con W.», relató.

En el testimonio de 56 páginas que fue facilitado por el tribunal federal de Nueva York, Tony afirma de que uno de los miembros del cártel AA, Hugo Ardón, iba a comprar a EE.UU. maquinaria pesada a pesar de tener un sueldo de funcionario; admitió que los dos hermanos estaban involucrados en el narcotráfico.

A lo largo de la confesión, que busca desestimar el defensor Michael Teinn, Tony es consciente de que su futuro legal está comprometido, en otras palabras, su estancia en la cárcel será larga por las pruebas que pesan en su contra.

Al respecto, el defensor dijo en su escrito presentado ante la corte neoyorquina que se anule la entrevista porque no estuvo apegada a derecho. «El 23 de noviembre (de 2018), después de la detención de Hernández…el vídeo refleja que Tony de manera clara e inequívoca pidió hablar con su abogado Retureta. En este punto (si no es antes), los agentes debieron detener el interrogatorio. Pero avanzaron, diciéndole a Hernández. que no pudieron ponerse en contacto con Retureta y le aconsejaron que incluso si Retureta fuera suya abogado ‘hoy’, no era su defensor ‘ahora’».

«Ni siquiera pudieron pedirle a Hernández que renunciara a la presencia de Retureta, solo el abogado podría dimitir a ello. Y constitucionalmente, una vez que Hernández pidió a los agentes que llamaran…pudieron arrestarlo legalmente, pero persuadir para que prestará su cooperación, tuvo que esperar a un abogado. No hay una manera justa de ver este interrogatorio bajo custodia como algo que no sea de los agentes. participar en el interrogatorio sustantivo de una parte representada, que sabían que era representado, en el mismo asunto, y por lo tanto haciendo una carrera final alrededor de su abogado. La declaración posterior al arresto debe ser suprimida», solicitó.

En mayo anterior, este periódico reveló que las alianzas mafiosas entre el Rojo con Tony y un selecto club de personas logró ampliar su red de negocios durante sus años de bonanza en Honduras; pudo cooptar -y neutralizar- a cuanto sujeto peligroso atentara contra sus intereses y, por tanto, abundaban los regalos, dinero y cuanto estuviera a su alcance.

Entre los regalos que dio el Rojo están costosos relojes Rolex, toros de raza brahman, armas de fuego, carros de lujo y motocicletas, para lo cual utilizó testaferros o terceras personas que llegaron a formar parte de la estructura.

Durante esta época, el narcotraficante extraditado a EE.UU. supo congraciar a sus aliados, destruir a sus enemigos y protegerse bajo el amparo estatal, por lo que tuvo a Tony como la línea directa al propio titular del Ejecutivo para sus propios intereses. De hecho, Díaz Morales supo cortejar a su aliado con un reloj, un caballo y un vehículo, entre otros obsequios, de acuerdo a las investigaciones efectuadas.

En esta época dorada, Tony Hernández, el exsecretario de Defensa Samuel Reyes, el nacionalista Wilson Pineda, el funcionario judicial Mario Sales Alvarenga, el actual presidente de la Corte Suprema de Justicia Rolando Argueta, obtuvieron muchísimos beneficios por ser los operadores políticos del narcotráfico, en especial, por servir con lealtad a el Rojo.

En el caso de Reyes, posee una amplísima casa de campo, ubicada a inmediaciones del aeródromo de Gracias; en ese lugar, se llevó a cabo una reunión entre el exfuncionario, Tony y Héctor Velásquez Torres, más conocido como Toño Frontera, en la cual este miembro del cártel de los Valle Valle, dio a Hernández una fuerte suma de dinero.

Esta práctica se volvió común entre Toño y Tony pues se reunieron en varios locales comerciales de Gracias como el Jardín Café y una gasolinera que opera en las cercanías del hospital Juan Manuel Gálvez. En uno de las reuniones, el excongresista recibió a través del emisario del exjefe narco Luis Valle Valle José Antonio Madrid o Chepe Galeas unos 50 mil dólares y tiempo después le entregó un paquete en el cual iban más de 250 mil dólares.

TEGUCIGALPA, HONDURAS 

Uno de los guardias presidenciales que utilizó Juan Orlando Hernández en su primer mandato fue asignado al capo Víctor Hugo el Rojo Díaz y prestó servicios de protección al narcotráfico, según informó la semana anterior el actual testigo colaborador en el juicio contra Juan Antonio Tony Hernández que se realiza en un tribunal federal neoyorquino.

Radio Globo y ConfidencialHN identificaron al militar, con rango de capitán, que fue el intermediario entre Tony y el Rojo durante su época de negocios, cuyo nombre es Eduardo Portillo, más conocido como el Peludo, originario de la occidental ciudad de Gracias y en la actualidad aspira a convertirse en mayor de las FFAA de Honduras.

Portillo fue durante tres años uno de los escoltas de Hernández, cuando ejerció la titularidad del Congreso Nacional y también lo acompañó en el primer mandato (2014-2018), por lo que se convirtió en uno de los cuadros de confianza del actual jefe del Ejecutivo, al extremo de delegarlo como el enlace entre el exjefe narco y su hermano Tony en asuntos relacionados con las drogas.

Este hallazgo coincide con la declaración de Díaz Morales, quien reafirmó ante el juez Kevin Castel que el militar en servicio activo lo asistió en sus actividades ilícitas, por lo que viene a confirmar las conexiones entre la cúpula del régimen nacionalista y la delincuencia organizada.

Algunas fuentes que consultó este periódico indican que el Peludo suele residir en Gracias -ciudad de la que son originarios los hermanos Hernández- y ya se está preparando para asecender al grado inmediato superior dentro de la estructura militar; también confirmaron que Portillo era quien acudía a las reuniones organizadas por señores de la droga.

Según el exjefe narco, habría tenido alrededor de tres o cuatro reuniones con su exsocio y a las que acudieron ex vicealcalde de Gracias Mario José Cubeta Cálix Hernández -pariente de la jefa antinarcóticos Soraya Cálix-, Carlos Toledo (asesinado hace algunos años) y el actual parlamentario Juan Carlos Valenzuela.

El Peludo supo de primera mano sobre los encuentros que sostuvieron los dos involucrados en narcotráfico, incluyendo alianzas con el capo mexicano Joaquín el Chapo Guzmán.

Asimismo, se recibió información de que viajó a la copa mundial de Sudáfrica, efectuada en 2010, donde habría sostenido reuniones con los hermanos Valle Valle, quienes a su vez se habrían encontrado con el expresidente Rafael Callejas.

De acuerdo a una copia de un interrogatorio efectuado a Miguel Valle Valle, quien colaboró como testigo en el proceso penal contra el narcotraficante Arnulfo el Tío Fagot Máximo (condenado a 30 años de cárcel), en la que se indica que Callejas aparece en una imagen, ya que se pretende probar cuanto poder e influencia tenían los narcos en los círculos políticos hondureños, en especial, los afines al partido oficialista.

Confirmó que viajó al país africano junto a Fagot y añadió que éste regresó a los días para recibir un cargamento de cocaína que transportaba un submarino. «(Se fue) porque había un submarino que iba llegando con siete mil kilos de cocaína, y tuvo que ir a tomar la entrega de ella…Él me lo dijo…Le compré 500 kilos de ese cargamento», testificó Valle Valle ante el juez federal Liam O’Grady.

Uno de los fiscales presentó evidencias respecto a Callejas, el testigo y el Tío en la que se confirma que, en efecto, sostuvo encuentros con el exgobernante durante el certamen futbolístico y permanecieron por varios días en Sudáfrica.

«(Es) el expresidente de Honduras… Rafael Leonardo Callejas», confirmó el capo en una de las audiencias efectuadas en un tribunal federal del distrito sur de Nueva York; a la vez, el cooperante afirmó que la esposa del exmandatario, Norma Regina Gaborit Pino de Callejas también aparece en la instantánea.

En consecuencia, el capitán Eduardo Portillo se convierte en una persona de interés para la justicia de EE.UU. ya que podría aportar valiosa información de cómo se generaron las conexiones entre el poder político y el narcotráfico que, en este caso, habría dejado fuertes beneficios por el trasiego de drogas hacia EE.UU.

Una de las fuentes indicó que el militar se encuentra preocupado por posibles represalias en su contra ya que fue asignado en un puesto delicado como enlace entre Tony y el Rojo, al tiempo que también pudo haber prestado seguridad al narcotraficante que está colaborando con la fiscalía federal neoyorquina.

NUEVA YORK, EE.UU. 

(Jeff Enst y David Adams / Univisión) En un interrogatorio de la DEA el excongresista hondureño Tony Hernández, acusado de narcotráfico, hizo un intento de cooperación que incluyó numerosas declaraciones que corroboran el testimonio de otros testigos y que ahora se están utilizando en su contra en el juicio en Nueva York.

Momentos después de su arresto en Miami en noviembre de 2018, Juan Antonio ‘Tony’ Hernández, admitió ante agentes federales estadounidenses que había aceptado regalos de narcotraficantes violentos que había conocido durante años.

Hernández hizo las admisiones después de ser arrestado en el Aeropuerto Internacional de Miami en su camino de regreso a Honduras, según el video de su entrevista con la DEA, que es parte de la evidencia en su juicio en Nueva York.

Los fiscales comenzaron a mostrar partes del video del interrogatorio al jurado el martes el día seis del juicio a Hernández por cargos de narcotráfico. No hay audiencia en la corte el miércoles debido a la festividad judía de Yom Kippur.

En la transcripción de 56 páginas del testimonio, el excongresista hondureño hizo un intento de cooperación que solo terminó corroborando parte de la evidencia en su contra, aunque rechazo su culpabilidad en el tráfico de drogas.

Los abogados de Hernández intentaron suprimir el interrogatorio de la DEA diciendo que los agentes federales lo entrevistaron sin que su abogado estuviera presente en violación de las regulaciones y los derechos constitucionales de Hernández.

‘Tony’ Hernández se declaró inocente de los cargos, pero la Fiscalía lo acusa de dirigir «una sofisticada organización patrocinada por el Estado que distribuyó cocaína durante años».

El juicio ha captado la atención nacional en Honduras, provocando protestas pidiendo la renuncia del presidente Juan Orlando Hernández.

El presidente Hernández, quien es señalado como conspirador pero no está acusado en el caso, también rechazó las acusaciones de los fiscales de que recibió dinero de drogas en sus campañas lectorales, una acusación que definió como «100% falsa, absurda y ridícula… Esto es Alicia en el país de las Maravillas».

Hernández dice que el presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, le advirtió por teléfono sobre la mala compañía que mantenía. Hernández dijo que el presidente le dijo «que iba a terminar muerto». En otra ocasión, el presidente también le dijo: «Bueno, si hay algo (relacionado con las drogas) será tu problema.»

Hernández, de 41 años, ha sido acusado en Estados Unidos de delitos que lo acusaron de conspirar durante más de una década para traer toneladas de cocaína al país, incluso con su propia marca estampada con sus iniciales TH. Las acusaciones de corrupción han arrojado una sombra sobre el gobierno de su hermano en un país centroamericano que es un importante centro de tránsito de cocaína.

Durante el interrogatorio, un agente de la DEA mostró un imagen de un paquete de cocaína con la marca TH.

Agente: «Te quiero enseñar algo. …. ¿Qué es eso?»

Hernández: «Eso es una T y una H. That’s a T and an H».

Agente: «¿De quién?»

Hernández: «Supuestamente es Tony Hernández».

Agente: «Supuestamente?»

Pero Hernández mantuvó su inocencia. » ¿Cómo voy a … vamos a poner las propias iniciales de uno en algo tan, tan delicado?» explicó. «Eso es un kilo… o un paquete de droga, supuesta droga… Pero, ¿por qué pondríamos … por qué pondría yo, si fuera poco inteligente de poner mis iniciales en algo así?», continuó.

Tony Hernández negó estar involucrado en el tráfico de drogas ilícitas, pero admitió haber sido invitado a participar en el negocio del narcotráfico varias veces, además de recibir un caballo, dos pistolas Glock y un reloj Rolex como incentivo para unirse.

Según su acusación, Hernández se reunió en 2014 con uno de los líderes del cartel Los Cachiros, Devis Leonel Rivera Maradiaga, y otros. El excongresista dijo que Rivera le pidió que obtuviera fondos públicos que el gobierno supuestamente le debía a una compañía que el cartel usaba para lavar dinero. Rivera le pagó a Hernández un soborno de 50,000 dólares, de acuerdo con los fiscales. Rivera grabó la reunión y entregó la cinta a la DEA, que también se espera que sea presentada ante el jurado cuando se reanude el juicio el jueves.

En el interrogatorio de la DEA Hernández dijo que, después de la reunión con Rivera, fue a la Oficina hondureña del director de Carreteras y preguntó qué pasó con el dinero adeudado a Los Cachiros. Pero, después de que el gobierno estadounidense acusó a Los Cachiros de ser grandes distribuidores de drogas, el presidente Hernández supuestamente no quería «estar en el ojo del huracán» y dijo que no iban a pagarle a esa compañía. Sin embargo, los fiscales afirman que sí se efecturaon los pagos.

Tony Hernández fue congresista durante varios años, pero parece que nunca denunció a los narcotraficantes que operan en su distrito. Por el contrario, los fiscales alegan que conspiró para traficar toneladas de cocaína con ellos.

Rivera se declaró culpable de cargos que incluyen tráfico de drogas y participación en el asesinato de 78 personas.

En la mañana del 23 de noviembre de 2018, los agentes de la DEA esperaban a Tony Hernández cuando llegó en el vuelo 1347 de American Airlines desde Houston, Texas, para abordar otro vuelo a Tegucigalpa, Honduras. Los agentes arrestaron a Hernández después de que salió de un baño del aeropuerto.

Los efectivos de la DEA permitieron que otro pasajero que viajaba con Hernández llevara diversos artpiculos personales de Hernández a Honduras, entre ellos una cadena de oro y su anillo de bodas.

El agente Sandalio González acompañó a Hernández a la oficina donde voluntariamente acordó proporcionar los códigos para desbloquear su iPhone blanco y un teléfono Samsung negro, así como sus números de teléfono correspondientes, según la declaración jurada del arresto.

Hernández acordó cooperar con los agentes de la DEA y declinó su derecho a tener a su abogado presente y aceptó la participación voluntaria en una entrevista grabada. Según la declaración jurada, acordó «que no estaba siendo engañado o presionado».

Una hora después lo llevaron a la oficina de la DEA en el aeropuerto y le tomaron las huellas digitales. «Hernández declaró que entendía sus derechos, rubricó cada línea leída, firmó el formulario de aviso de derechos y acordó hablar con los agentes», indicó.

El agente González comenzó a testificar en el tribunal el martes sobre el interrogatorio a Hernández en un intento de los fiscales de coroborar la evidencia ya presentada en el juicio. En el interrogatorio de la DEA Hernández mencionó los nombres de varios narcotraficantes que él reconoció conocer, algunos de los cuales ahora están testificando en su contra.

Unos de ellos, Víctor Hugo Díaz Morales, conocido como ‘El Rojo’ testificó la semana pasada que había conocido a Tony Hernández en la casa de un traficante de drogas llamado Carlos Toledo en San Pedro Sula, la primera de muchas reuniones celebradas en la casa de Toledo y a la que asistieron otros traficantes de drogas. Hernández le dijo a la DEA que Toledo era su «mejor amigo», que Toledo a veces vivía en su casa en Tegucigalpa y que sabía que Toledo traficaba drogas con ‘El Rojo.’

También confirmó que tenía una «buena amistad» con Díaz Morales y que «nos mirabamos en San Pedro Sula» en la casa de Toledo. Según Díaz Morales, esos encuentros fueron reuniones para discutir sus actividades de tráfico de drogas, aunque Tony Hernández dice que no estaba al tanto de eso en ese momento.

Tony Hernández admitió que estaba al tanto de una ruta de narcotráfico que habían abierto a través de la costa sur de Honduras, que Díaz Morales explicó en detalle en el tribunal.

Hernández también mencionó a Mario José Calix, alias ‘Cubeta’, quien fue acusado el 23 de enero junto con Alexander Ardón, testigo cooperante y quien, como Hernández y Toledo, es del pueblo de Gracias. Hernández dijo que Calix era un narcotraficante, «una persona muy agresiva» y que «él toda la vida estuvo en temas peligrosos».

Calix había intentado reclutarlo varias veces, aseguró Hernández, y le había dicho cómo transportar cocaína en tubos utilizados para la inseminación artificial del ganado. Además, le dijo a la DEA que Calix «era la mano derecha» de Díaz Morales, confirmando el testimonio de la semana pasada.

«Allá en Gracias todo el mundo lo sabe», dijo Hernández, reconociendo que era un secreto a voces que Calix estaba involucrado en el tráfico de drogas. Calix es primo de Soraya Calix, quien ha sido director de la Dirección de Lucha Contra el Narcotráfico (DLCN) desde 2014. A pesar de la acusación, el DLCN no ha confiscado ninguna propiedad de Mario José Calix.

Univision visitó recientemente Gracias, donde visitó la Finca El Capitán, un hotel propiedad de la familia donde, según Díaz Morales y Hernández, los narcotraficantes a menudo se reunían, así como la casa adyacente de Mario José Calix, que tenía paredes altas y cámaras de seguridad. La madre de Calix dijo que no habían tenido noticias suyas en meses.

La Corte Suprema de Honduras anunció el 24 de septiembre que designaría a un juez para que se pronuncie sobre una petición de extradición de Estados Unidos con respecto a Calix.

Tony Hernández también informó a la DEA que el alcalde del Partido Nacional de El Paraíso, Alexander Ardón, era un narcotraficante, pero negó haberlo conocido personalmente. El lunes, sus roles se invirtieron cuando Ardón, el testigo estrella de la Fiscalía de Nueva York, testificó que Tony Hernández era su socio y que juntos traficaron entre 30 y 40 toneladas de cocaína a través de la frontera con Guatemala.

Ardón también testificó sobre reuniones con Tony Hernández y su hermano, Juan Orlando Hernández, para organizar una contribución a la campaña electoral de un millón de dólares de nada menos que Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán.

Con tantas admisiones condenatorias hechas por Ardón, Hernández se ha visto mucho más expuesto a las acusaciones que pesan en su contra. Al final del interrogatorio de la DEA, Hernández parece haber reconocido eso. «Se destruyó mi vida ya», dijo.